Colaboraciones

 

¿Por qué la Iglesia se opone al «matrimonio» gay? (II)

 

21 noviembre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

La doctrina católica, como sabemos, se opone a la posibilidad de que una pareja homosexual o lesbiana pueda adoptar niños por el daño psicológico y moral que estos puedan recibir.

Pero no solo la Iglesia. La lesbiana francesa Nathalie de Williencourt, líder de Homovox, una de las asociaciones homosexuales más influyentes de Francia, declaró lo siguiente:

«Creemos que los niños tienen derecho a tener un padre y una madre, posiblemente biológicos, que posiblemente se amen. Un niño que nace del fruto del amor de su padre y de su madre tiene el derecho a saberlo. Si las parejas homosexuales adoptan niños que ya están privados de sus padres biológicos, entonces (los niños) estarían sin un padre y sin una madre por segunda vez».

Una de las instituciones más atacadas es la Iglesia Católica. A los cristianos católicos nos han llamado de todo: retrógrados, fanáticos, fundamentalistas, intolerantes, promotores del odio, entre muchos otros. Incluso nos acusan de que la Iglesia le ha cerrado las puertas a los homosexuales y que desde ya les ha condenado al infierno.

La Iglesia Católica es una Iglesia universal, tal como su propio nombre lo indica, ya que católico significa universal. Por eso, las puertas de la Iglesia Católica están siempre abiertas a todo el universo de pecadores. Sin importar el pecado que haya cometido, siempre hay lugar para un pecador más, dentro del catolicismo.

Muchos dirán que, en la biblia, san Pablo condena a los homosexuales y que los manda al infierno y que no entrarán en el reino de Dios. Aquí cabe entonces la pregunta, ¿es pecado ser homosexual?

Sin dar muchos rodeos, la respuesta es no. Ser homosexual no es un pecado, de la misma forma que tampoco es pecado el ser alcohólico o adicto, siempre que se haya abandonado el comportamiento pecaminoso y se haya alcanzado el verdadero arrepentimiento, para luego trabajar por la salvación.

Un alcohólico nunca deja de serlo, es un estigma que le acompañará toda la vida, aunque ya no se alcoholice. Aun así, el alcohólico es bienvenido en la Iglesia Católica, mas no el alcoholismo. Por lo tanto, el alcohólico tiene que alejarse de ese vicio y trabajar para mantenerse sobrio y para alcanzar su salvación. Igualmente sucede con un adicto, quien nunca deja de serlo, aunque ya no se intoxique, pero puede entrar al catolicismo, más no su adicción. El adicto tendrá que trabajar tan duro como el alcohólico, para mantenerse limpio y alejado de su adicción y para trabajar en su conversión y su salvación.

Cuando san Pablo dice en 1 Corintios 6,9-10 que «los que se echan con varones, no entrarán al reino de Dios», se refiere al pecador que persiste en su pecado. En algunas traducciones dice que los homosexuales y los afeminados no entrarán al reino de Dios. También menciona a los ladrones, a los avaros, los borrachos, los idólatras, los adúlteros, los ultrajadores y los rapaces. Si bien menciona a las personas y no al pecado cometido, se refiere a las personas que persisten en su actuar pecaminoso. Cuando menciona a los borrachos, son aquellos que se embriagan y no buscan cómo cambiar. Cuando menciona a los adúlteros, se refiere a las personas que persisten en el pecado del adulterio, que no se salen de él, que lo cometen una y otra vez. Lo mismo va para los idólatras, los rapaces y todos los demás.

El pecador que no se arrepiente, que no se aparta de su camino de pecado y que comete faltas una y otra vez, ese pecador es el que no podrá entrar al reino de Dios. El reino de Dios es para pecadores, pero para aquellos pecadores que han corregido sus faltas, para los que se han convertido y se han apartado del pecado.

Un homosexual tiene las puertas abiertas en el catolicismo, para que trabaje y se esfuerce en ganar su conversión y su salvación. Lo que nunca tendrá la puerta abierta es su homosexualismo. La Iglesia no condena al homosexual, pero sí condena las prácticas homosexuales. Los homosexuales que se mantienen dentro de esa práctica son los que no podrán entrar al reino de Dios, según lo que nos dice san Pablo.

Muchos grupos, lobbies y movimientos quieren que la Iglesia Católica les apruebe su conducta homosexual, pero eso es algo que el catolicismo nunca va a aprobar. Ellos lo saben y a manera de presión, recurren a la calumnia y dicen que la Iglesia Católica odia y condena a los homosexuales. También ellos son los que dicen que la Iglesia considera pecado el ser homosexual. Todo eso es falso. Ser homosexual no es un pecado y definitivamente la Iglesia no promueve el odio hacia nadie.

Un homosexual es tan bienvenido dentro del catolicismo que incluso puede llegar a ser santo. De hecho, puede ser que entre los muchos santos sin nombre que ha habido, de esos cuyos nombres no conoceremos en este mundo, haya algunos que fueron homosexuales en vida, pero que renunciaron a las prácticas homosexuales y abrazaron la santidad.

Sobre la homosexualidad, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña lo siguiente:

 

CASTIDAD Y HOMOSEXUALIDAD

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

El matrimonio es entre varón y mujer; ser homosexual «no es pecado».

Dios te ama, no porque seas heterosexual, homosexual, o lo que sea: Dios te ama porque eres una persona, hijo de Dios; el Evangelio es para todos, la vida cristiana es para todos.

El matrimonio es entre varón y mujer. El matrimonio tiene que estar unido a la transmisión de la vida, a esa posibilidad.

Con respecto a la comunión de personas homosexuales, una cosa es la persona y otra son las conductas. Ser homosexual o tener una orientación sexual determinada no es pecado. Otra cosa son las conductas sexuales diversas. Ahí la Iglesia es clara en cuál es la propuesta.

La sexualidad es para ser vivida dentro del sacramento del matrimonio entre varón y mujer.

Apoyar el reconocimiento de las uniones homosexuales no es compatible con el catolicismo.

Lo que se dice en el siguiente documento:

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20030731_homosexual-unions_sp.html, es enseñanza de la Iglesia. El documento está en el sitio web del Vaticano y fue autorizado por algunas de las mismas personas que autorizaron el Catecismo de la Iglesia Católica.

 

El Catecismo precisa varias cosas claramente:

1) La Sagrada Escritura presenta los actos homosexuales como actos de grave depravación.

2) La Tradición siempre ha declarado que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados».

3) La inclinación hacia los actos homosexuales es intrínsecamente desordenada.

4) Los actos homosexuales son contrarios a la ley natural porque están cerrados al acto sexual de dar vida y no proceden de una complementariedad genuinamente afectiva ni sexual.

5) Bajo ninguna circunstancia los actos homosexuales pueden ser aprobados.

6) Todo signo de discriminación injusta contra personas con tendencias homosexuales debe evitarse. (Nota: el uso de la palabra «injusto» significa que existe algo considerado discriminación «justa». El documento citado antes explica eso detalladamente).

El sexo homosexual no es procreativo y por lo tanto no puede dar vida en el sentido más literal e importante del término.