Tribunas

La BAC se merece nuestra felicitación

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Logo de BAC.

 

 

 

 

 

He visto que la BAC celebra su ochenta cumpleaños. Entiendo que los celebra, como lo hará con los noventa, previos a los cien, como una oportunidad de renovarse desde la fidelidad a su espíritu fundacional.

Sin experimentos y sin desviaciones de esa continuidad de línea editorial, como han podido hacer otras editoriales.

Quizá porque toda oportunidad de celebración es buena para estar más presente en el espacio público católico y cultural.

Además por lo que supone de oportunidad para relanzar una joya de su depósito, la Sagrada Biblia de Nácar-Colunga, que es “la primera versión completa de la Biblia, hecha de las lenguas originales, hebrea y griega, al castellano por autores católicos, con la que la Editorial Católica inicia […] su Biblioteca de Autores Cristianos”.

Toda celebración de la BAC es una oportunidad para dar gracias por esta iniciativa editorial, hoy en manos de la Conferencia Episcopal Española.

Una aventura con ochenta años, que se dice pronto, y que ha configurado culturalmente al catolicismo en lengua española.

Una aventura de dos hombres de la Asociación Católica de Propagandistas, Máximo Cuervo Radigales y José María Sánchez Muniain, alentados, cómo no, por Ángel Herrera Oria. Aspecto éste que no conviene olvidar.

De hecho escribe don José Luis Gutiérrez, en la página 39 del libro, editado por CEU Ediciones, “Apuntes para una historia de la biblioteca de Autores Cristianos”, que “concebida, iniciada y mantenida por seglares, con espíritu laical, insistían fuertemente y frecuentemente los dos fundadores en que la BAC nunca debía quedar dirigida por sacerdotes, ni diocesanos ni religiosos. Era y debía ser laical, como nuevo renglón del apostolado seglar dentro de la obra común de la Acción Católica”.

Ya se ve que la Providencia tenía otros planes sobre el futuro.

Hablando de mi recordado José Luis Gutiérrez, prolífico intelectual católico, periodista de raza, habría que reeditar, y quizá actualizar, un libro suyo titulado “Díselo a la Comunidad. Reflexiones sobre la situación de la Iglesia hoy en España”, con fecha de 1985.

A ver quién tiene las ganas y otros atributos necesarios para hacerlo.

Son muchas las historias de la BAC que se cuentan en la citada historia. La BAC es su catálogo, también lo son sus directores, su personal, sus lectores.

En este sentido recuerdo con especial afecto a Joaquín Luis Ortega, artífice y pontífice de la cultura católica, de un periodismo también católico que, por desgracia, no existe hoy.

Y a Jorge Fernández Sangrador, guardián de las esencias de la cultura católica y de la erudición desde las tierras del norte.

Tengo que confesar, y perdonen los lectores esta referencia personal, que es indiscutible que la BAC es una editorial de relevancia para la cultura católica y teológica.

Ojalá pudiera serlo también para el universo de las ciencias humanas y sociales que, en gran medida, hoy desconocen la BAC. Muestra de ello es su ausencia en los famosos rankings bibliométricos de editoriales para los procesos públicos de promoción académica.

Cuando yo presenté mi trabajo, publicado en la BAC, “La Iglesia frente al terrorismo de ETA”, el funcionario de turno lo puntuó menos que cero con la excusa de que era una editorial religiosa, sin más consideraciones, queriendo decir que lo publicado se mantenía al margen de los estándares de cientificidad exigidos.

Si no estoy equivocado, la teología sigue siendo evaluada en la ANECA por el área de filosofía y ciencias humanas, por ejemplo.

Iniciativas editoriales que han nacido del seno de la Iglesia, en la España reciente, ha habido varias. Recientemente hemos asistido al entierro de una de ellas.

Un proyecto que venía a cubrir un hueco por su empeño en traer a nuestro predio cultural algunas de las corrientes teológicas más importantes del mundo anglosajón, además de una buena literatura católica francesa, entre otras.

Se nos ha esfumado como si nada. Creo que su depósito ha sido adquirido por instancias oficiales de la Iglesia en España que, esperemos, puedan dar adecuada salida a ese fondo.

Motivo añadido de contraste para felicitar a la BAC. Ad multos annos!!!

 

 

José Francisco Serrano Oceja