Católicos
Este sacerdote argentino, misionero de la Santísima Eucaristía, lleva treinta años dedicado a propagar la devoción a la adoración eucarística
23/12/25 | Javier Arias
- 75 capillas de adoración perpetua en España
- Perfil del adorador
- Necesidad del silencio
- Adoración como “prioridad”
- Fuente de luz y discernimiento
Padre Justo Antonio Lofeudo.
El padre Justo Antonio Lofeudo, de origen argentino, es uno de los sacerdotes referentes del movimiento vinculado a la adoración perpetua.
Recorre los países para propagar la práctica de la adoración perpetua eucarística y sus charlas y conferencias son seguidas por multitudes.
Él es misionero de la Santísima Eucaristía, una comunidad que fue fundada en 2007 y a la que está vinculado desde sus orígenes. Pero antes, el padre Justo Lofeudo ya pertenecía a otra congregación con idéntico carisma, que buscaba propagar la adoración eucarística perpetua.
75 capillas de adoración perpetua en España
En conversación con Religión Confidencial, el padre Justo Lofeudo detalla que son aproximadamente treinta los años que lleva dedicado a la promoción de la adoración perpetua, ya que comenzó a hacerlo antes incluso de su ordenación sacerdotal. Como sacerdote misionero, son veintitrés años dedicados a esta labor.
Confirma que el crecimiento de la práctica de la adoración perpetua es constante. En estos momentos, en España tienen registradas 75 capillas en las que se adora el Santísimo, “principalmente por fieles laicos, día y noche sin interrupción y en silencio”.
Lofeudo confirma que, cuanto más se va conociendo la adoración perpetua, más son los obispos y sacerdotes que desean “acoger este don extraordinario del Cielo para estos tiempos”.
Perfil del adorador
Sobre el perfil del adorador, el padre Justo Lofeudo explica que en la mayoría son personas de edad media, que rondan los 40 y 50 años, “pero también hay niños y ancianos que están inscritos como adoradores”.
Este sacerdote recomienda, a la hora de participar de la adoración perpetua, tener la disposición interior del “abandono confiado en Él, el silencio propiciador y necesario a la escucha, y un corazón humilde dispuesto a ser transformado por la acción divina”.
Necesidad del silencio
El padre Lofeudo es conocedor del auge de movimientos en los que también se aplica la adoración y exposición del Santísimo, y añade que ha penetrado con fuerza entre los jóvenes gracias al componente musical.
Ante esa realidad, este sacerdote recuerda que “sin espacios de silencio no es posible la adoración”, y que “adorar no es lo que la persona pueda o no hacer sino permitir que Dios obre en ella”.
Al igual que el cardenal Robert Sarah, gran defensor del silencio para escuchar a Dios, explica que “el silencio es propicio a la acción transformante de nuestro Señor” y, por tanto, “no es posible el recogimiento sin el silencio”. Lofeudo hace hincapié en que es importante “acallar el ruido del mundo e incluso el ruido interior que aleja del encuentro con Dios, que distrae y perturba”.
Adoración como “prioridad”
Recomienda a los católicos hacer un rato de adoración diaria, en primer lugar para “reposar en Dios”, y recuerda, citando a Benedicto XVI que “la adoración no es un lujo, es una prioridad”.
Añade también que es una “necesidad”. Si hubiera que dar una definición sobre qué es adorar, el padre Lofeudo lo tiene claro: “es descansar el corazón en Dios”.
Aunque es el primero de los mandamientos, señala que “este deber es al mismo tiempo dulce, porque en la adoración encontramos nuestro Bien Supremo. Adorar y refugiarse en el Sagrado Corazón de Jesús. Quien adora encuentra refugio en el Señor, como la paloma del Cantar de los Cantares, que se acurruca en la hendidura de la roca”.
Fuente de luz y discernimiento
Y añade: “Nuestro Señor no deja de llamarnos desde su morada eucarística: “Venid a mí, todos vosotros que estáis cansados, agobiados, (se puede agregar: con miedos, preocupados, angustiados, desesperanzados, vencidos, desesperados). Yo os restauraré””.
El padre Justo Lofeudo cita otras razones, no menos prioritarias, como es la de amar. “Toda la Ley, enseña nuestro Señor, se resume en amar a Dios y amar al otro. Por eso, debemos ir a la fuente del amor para recibir amor y dar amor. Esa fuente de amor es Jesucristo y lo encontramos en el Santísimo Sacramento”.
“En tiempos tan confusos como éstos, y tan peligrosos, necesitamos luz para discernir y no ser engañados; fortaleza para vivir lo que tenemos y tengamos que vivir; y refugio para curar heridas”.
Por eso, incide en que “sólo nuestro Señor puede hacer todo esto cuando nos acercamos a Él para encontrarlo en la adoración”.