Tribunas

Hakuna en la Puerta del Sol

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Hakuna en la Puerta del Sol.

 

 

 

 

La reacción de determinados medios, y de determinados personajes en las redes, me ha hecho dedicar un tiempo al acto de Hakuna en la Puerta del Sol de Madrid de hace unos días.

Un acto Navideño en el que, con Feijóo y Ayuso entre la gente, y eso es lo que ha centrado y desviado algunas atenciones, representa mucho más que lo parece.

Los vídeos panorámicos del concierto son demasiado elocuentes para desdeñar lo que allí ocurrió. No sólo la Puerta del Sol, las calles aledañas, estaban abarrotadas de un público, joven, apabulladoramente joven, cantando canciones en las que se hacía una explícita propuesta de fe y de sentido cristológico de la existencia.

La Puerta del Sol no es un lugar. Es una referencia simbólica de la presencia de ideas, movimientos, ejercicios de poder, en la historia de España. La Puerta del Sol es la proclamación de la II República, es el movimiento del 15-M, es el punto cero de la geografía más que humana. La Puerta del Sol son las campanadas, y es Mecano. Ese Mecano que dijo aquello de que en la Puerta el Sol “como el año que fue”… se encontraban algún “Cura despistado”.

En la Puerta del Sol, un grupo que se llama Hakuna, que ya no sé si es grupo o tendencia, que no moda, o lo que sea o vaya a ser, demostró que la propuesta de fe, basada en el encuentro con Cristo Salvador, es capaz de ocupar el espacio público de la ciudad simbólica con un mensaje de fraternidad universal, como mensaje de sentido de unas fiestas que no siempre se entienden y se viven como lo que son y como lo que les da sentido.

Los dos protagonistas de este evento fueron, sin duda, los jóvenes y las canciones, que lo son también de fiesta. Allí estaban esos jóvenes que han perdido el complejo de decirse católicos y de manifestarse, también social y culturalmente, como tales.

Y ahí está la música de Hakuna, que lo mismo sirve para una exposición ante el Santísimo sacramento, que para congregar en la plaza pública de la existencia a quienes se dejan llevar por los latidos de vida de su corazón.

Es precisamente esa práctica de la oración ante el Santísimo sacramento, ante Cristo eucaristía, llevado fuera de los límites del templo, presencia pública por excelencia por ser presencia relacional elocuente e interpeladora, alimento y vida, la que está llevando a Hakuna a la calle, al lugar por el que discurren las personas y las tendencias. Testimonio social de una fe que se ha hecho música como lenguaje de fe que engancha. Hakuna ya es una pedagogía eucarística de Iglesia no en salida, sino que ha salido y está dónde menos te lo esperas.

Todo esto ocurrió por la invitación de quien gestiona la política en un Madrid fábrica también de expectativas. Un reconocimiento de que la política, la auténtica política, no se puede hacer al margen de lo que es y significa la razón común como historia, como cultura, como vida. Un reconocimiento de que la auténtica política no puede ser sin la religión, como tampoco lo es la civilización o la cultura.

Todo esto ocurrió, además, sin que la iglesia, es decir, la jerarquía fuera elemento protagonista. Y esto abre un horizonte, por una parte, de desclericalización, y por otra, de traducción laical, es decir social y cultural de lo cristiano. Un proceso que en algunos ámbitos se agudiza, que debe también dar que pensar a los fieles laicos, -o acaso la Iglesia no somos todos-, quizá porque se ha llegado a una madurez alentada, y por la jerarquía, que ya no protagoniza la presencia pública del cristianismo de carácter masivo.

Como dice un villancico de Hakuna, que recomiendo escuchar estos días, y que se titula “Del cielo”,

De una Virgen nace un niño
que al mundo viene a salvar
Es esto y no más…
En la cuna hay un Dios que a la espera,
nos quiere mirar
”.

 

Feliz Navidad.

 

 

José Francisco Serrano Oceja