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Misioneros de los Siervos de los Pobres: evangelización al servicio de los más necesitados

 

Este movimiento, con presencia en varios países de Hispanoamérica, tiene su Casa de formación en Toledo

 

 

 

20/02/26 | Javier Arias, X


 

 

 

Los Misioneros de los Siervos de los Pobres, fundados en 1986 por el padre Giovanni Salerno, centran su labor en la atención de los más pobres y desfavorecidos en varios países de Hispanoamérica.

 

 

 

  1. Misioneros al servicio del Evangelio
  2. Siervos a imitación de Cristo
  3. Nacimiento como Asociación Pública de Derecho diocesano
  4. En búsqueda de una solución jurídico-canónica
  5. Los Misioneros cuentan con 14 sacerdotes
  6. Proceso formativo: misiones en Perú y estudios en Toledo
  7. Presencia en países de Hispanoamérica
  8. La importancia del papel de los matrimonios

 

 

 


Misioneros de los Siervos de los Pobres.

 

 

 

Tienen en Toledo su casa de formación, “lugar específico de formación para jóvenes varones de diferentes nacionalidades, que, después de una experiencia de por lo menos un año en nuestras misiones, han sentido la llamada a entregar toda su vida a Dios en el servicio a los más pobres y se forman intelectual y espiritualmente en el carisma del Movimiento”.

El padre Álvaro de María es el superior de la comunidad de la casa de Formación. En conversación con Religión Confidencial, explica el carisma de este movimiento haciendo un repaso del propio nombre del grupo.

 

Misioneros al servicio del Evangelio

Son misioneros porque “ciertamente la Iglesia es, por naturaleza, misionera, y que todo, por humilde y silenciosa que sea la acción de un bautizado, forma parte de su misión”. Subraya que en su caso “lo interpretamos en su sentido más radical o genuino de la misión “ad gentes”, o sea llevar el Evangelio allí donde la pastoral ordinaria no logra llegar. Nuestro fundador, el P. Giovanni Salerno, utilizaba la expresión de “ir más allá del asfalto”.

 

Siervos a imitación de Cristo

Sobre ser siervos, el padre Álvaro de María manifiesta que buscan seguir el ejemplo de Jesucristo (el Siervo de Yahvé, según el cuarto cántico de Isaías: cfr. 52,13-53,12), quien “se muestra como modelo de las actitudes que nosotros queremos reproducir: silencio, humildad, obediencia, actitud oblativa en favor de sus hermanos… Por eso un libro fundamental para nuestro crecimiento espiritual es “La Imitación de Cristo” (también conocido como el Kempis), que ha formado a tantos santos a lo largo de la historia”.

En cuanto a “de los pobres”, añade que “Él se ha querido identificar especialmente con ellos”, y por eso su apostolado se manifiesta en dos dimensiones: “la de evangelización y la asistencial (y ésta, no exclusivamente, pero preferentemente a los más vulnerables: los niños”).

“Siervos de Dios (porque reconocemos que es a Cristo a quien, primero de todo, debemos servir con la entrega total de nuestro ser; y de ahí la centralidad de la Eucaristía en nuestras vidas: sólo si reconocemos el rostro de Cristo en su presencia eucarística, lo sabremos reconocer en los pobres)”, y también “Siervos de la Iglesia (pues hemos nacido para realizar, en medio de los pobres, los deseos de Papa; la fidelidad a la Iglesia y a su Magisterio es uno de nuestros fundamentos)”.

 

Nacimiento como Asociación Pública de Derecho diocesano

En cuanto a su situación jurídico-canónica, hasta hace poco todos los miembros MSP (las tres ramas: masculina -de sacerdotes y hermanos-, femenina y laical -de matrimonios-) conformaban una sola Asociación Pública de Derecho Diocesano, pero viendo que esta realidad eclesial se iba consolidando solicitaron la aprobación como Familia Eclesial.

El padre Álvaro de María relata que “se nos orientó, más bien, a tener una aprobación particular para cada rama” por lo que ahora hay dos asociaciones públicas, “una para la rama masculina y otra para la rama femenina, en orden a constituirse cada una más adelante en respectivos institutos de vida consagrada, y una asociación privada para los laicos, los matrimonios MSP”.

 

En búsqueda de una solución jurídico-canónica

En estos momentos están estudiando la posibilidad de una estructura canónica que pueda cobijar estas distintas realidades, “pues aunque sean tres ramas distintas, hay entre ellas una unidad de carisma y apostolado a la que serviría de gran ayuda la aprobación de una unidad estructural reconocida”.

Aparte de que, además, esa era la idea del fundador, confiesa este sacerdote que con visión sobrenatural afirma que “Dios (y la Iglesia) no tienen prisa. Hay que saber tener paciencia. Lo más importante es la vida; la norma y las aprobaciones vendrán después como reconocimiento de lo que se haya vivido en fidelidad y perseverancia”.

 

Los Misioneros cuentan con 14 sacerdotes

En este momento son apenas 14 sacerdotes. “Tenemos nueve jóvenes en su periodo de formación, pero no significa que todos deban aspirar al sacerdocio”, recalca. Por otro lado, dentro de la rama masculina hay también hermanos consagrados, “y no es que se les deba considerar miembros de segunda categoría. Para nosotros lo prioritario es formar para la consagración religiosa; luego, según la particular inclinación de cada uno, el discernimiento de los superiores, y las necesidades ministeriales, se puede plantear la posterior recepción de sacramento del orden”, subraya el padre Álvaro de María.

De los nueve que están en proceso de formación, seis están este año en la Casa de Formación en Toledo. Los otros tres restantes se encuentran ahora haciendo su año de noviciado, que se tiene en Cusco.

 

Proceso formativo: misiones en Perú y estudios en Toledo

Sobre el proceso formativo que sigue un joven que ingresa en los Misioneros Siervos de los Pobres, el candidato debe pasar primero mínimo un año de experiencia misionera en la comunidad en Cusco, que normalmente tiene la función de un discernimiento respectivo (del mismo joven y de los responsables de esa comunidad).

Si en ese año la conclusión de ese discernimiento es positiva, pasa a la Casa de Formación en Toledo (a modo de un postulantado) de un primer periodo de tres años (uno de estudios de propedéutico y dos de filosofía; en lo académico los jóvenes asisten al seminario diocesano). Se interrumpen los estudios para el año de Noviciado y luego se regresa a Toledo para los cuatro años restantes de estudios teológicos de Bachillerato en Teología.

Los componentes de las distintas ramas, y por tanto también de la rama masculina MSP de sacerdotes y hermanos, “formamos una pequeña ONU: hay suizos, belgas, franceses, italianos, colombianos, peruanos, un austriaco, un alemán, un húngaro, …y un español, un servidor”, explica con sentido del humor el padre Álvaro de María.

 

Presencia en países de Hispanoamérica

Los Misioneros de los Pobres tienen presencia en Perú, donde se inició esta fundación. En Toledo, donde está la Casa de Formación. Desde hace doce años tienen en Cuba una pequeña comunidad sacerdotal, concretamente en la diócesis de Cienfuegos. Estos últimos, en estos momentos están viviendo una situación muy tensa…

La rama femenina tiene también presencia en México. “Recibimos constantemente solicitudes de nuevas fundaciones en otros lugares de América, África o Asia (en alguna ocasión ¡hasta del Tibet!), pero somos los que somos y desgraciadamente por el momento no podemos atender todas estas peticiones”, aclara este sacerdote español.

 

La importancia del papel de los matrimonios

Dentro de los Misioneros Siervos de los Pobres, los matrimonios juegan un papel determinante. “La sola presencia de estos matrimonios o familias misioneras es una predicación viviente, pues provoca la pregunta del por qué logran mantenerse en fidelidad, y su familia unida, en armonía, en generosidad. Y la respuesta no es otra que por su fe, por su amor a Cristo. Su ejemplo y testimonio es atrayente”, relata el padre Álvaro de María.

No obvia que es “una vocación muy particular”, puesto que “se necesita que ambos cónyuges compartan esa misma llamada. No sirve que uno solo tenga la inquietud. Ahí se ve una especial gracia de Dios”.

“Es un increíble alivio y ayuda contar con el incondicional apoyo de estos matrimonios que ponen todas sus capacidades personales y profesionales en coordinación con los miembros consagrados, al servicio de los más pobres. Es precioso vivir esta experiencia de la cooperación orgánica eclesial entre los diversos estados de vida, aportando cada uno las riquezas de su particular vocación. La unidad en la diversidad. Esa es la característica de la acción del Espíritu Santo”, concluye.