Tribunas
09/03/2026
Carta a un bautizado, “ateo”
Ernesto Juliá
Estimado ...
Me permita unas líneas, después de haber leído un artículo suyo publicado en una revista parroquial. Y me permita expresarme con toda libertad, después de un buen número de años de labor sacerdotal, y después de años, durante mis estudios universitarios, de haber vivido en un “ateísmo que buscaba a Dios”.
Le felicito por la sinceridad con que se expresa, y le recomiendo que siga manteniendo el profundo deseo de encontrar a Dios leyendo libros como el que tiene ahora entre manos, que ha hecho ya mucho bien a un buen número de personas.
Sus palabras: “Soy ateo como una maldición y porque no me siento capaz de dejar de serlo”, me llevan a pensar que no ha abandonado su empeño de un día recibir la fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero (me supongo que usted está bautizado). Si es así, le sugiero no intentar “racionalizar” el concepto que se pueda haber hecho de ese Dios que está buscando.
Él vino a la tierra para estar más cerca de nosotros, y transmitirnos el Amor, de padre y de madre, con que nos ha creado; y facilitarnos que pudiéramos encontrarle cara a cara. Y decirnos que nos acompañará siempre en todas las situaciones en las que nos hacemos tanto mal, a causa de nuestros pecados. Por eso le recomiendo que lea, paso a paso y sin interrupción, los Cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles.
Y leerlos pidiéndole a Jesús que le aumente la Fe, que le acompañe el Espíritu Santo en la lectura. Y lea, dejando que lo que lee vaya entrando en su inteligencia y en su corazón gota a gota: la Gracia de Dios hará su labor y le irá abriendo los ojos del espíritu para acabar haciendo un Acto de Fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Permítame una pregunta: ¿entra usted de vez en cuando en una iglesia, y se acerca al Sagrario y le pide al Señor que le dé la Fe de creer que Él está allí? No espere una respuesta inmediata, un sentimiento fortísimo o deslumbrante. El Señor habla despacio, en silencio, a media luz, para que nosotros usemos la libertad y el amor, y le sigamos buscando y hablando con Él.
Me permito añadir esta oración de un soldado en la segunda guerra mundial. La dejó escrita antes de recibir la orden de asaltar una trinchera enemiga. Después del asalto, murió.
¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he hablado ni una sola vez contigo,
pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta.
Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes...
Y yo, como un idiota, lo he creído.
Nunca he contemplado tus obras,
pero esta noche he visto desde el cráter de una granada el cielo lleno de estrellas
y he quedado fascinado por su resplandor.
En ese instante he comprendido qué terrible es el engaño...
No sé, oh Dios, si me darás tu mano,
pero te digo que Tú me entiendes...
¿No es algo raro que en medio de un espantoso infierno
se me haya aparecido la luz y te haya descubierto?
No tengo nada más que decirte.
Me siento feliz, pues te he conocido.
A medianoche tenemos que atacar,
pero no tengo miedo,
Tú nos ves.
¡Han dado la señal!
Me tengo que ir.
¡Qué bien se estaba contigo!
Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura:
quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta.
Y si bien hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya,
¿me dejarás entrar?
Pero, ¿qué me pasa? ¿Lloro?
Dios mío, mira lo que me ha pasado.
Sólo ahora he comenzado a ver con claridad...
Dios mío, me voy... Será difícil regresar.
Qué raro, ¡ahora la muerte no me da miedo!".
Un clamor semejante puede brotar del corazón de cualquier hombre que, caminando por la tierra, haya elevado alguna vez su mirada al Cielo. Con sus gemidos, con sus sonrisas, con sus llantos en el portal de Belén, el Señor sigue llamando a las puertas de los corazones de todos sus hijos, de todas sus hijas, en el mundo entero, hayan oído hablar de Él, o no haya llegado jamás a sus oídos el nombre con que le llamó el Arcángel: Jesús.
Le acompaño con mis oraciones a la Virgen Santísima, no deje de saludarla alguna vez, y con un recuerdo particular en la Santa Misa, y quedo a su disposición si lo ve oportuno.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com