Católicos
Este cura de la diócesis de Getafe ejerce como acompañante espiritual de las personas involucradas en esta aventura
20/03/26 | Javier Arias, X
Este próximo mes de abril, los días 25 y 26, el auditorio Colegio San Agustín de Madrid acogerá la representación teatral de ‘Mi Cristo Roto’ una obra teatral-musical inspirada en el célebre libro Mi Cristo Roto del jesuita Ramón Cué.
- Papel del sacerdote de la diócesis de Getafe
- El impacto que le causó la primera vez que vio la obra
- El protagonismo de fieles de su parroquia de Chinchón
- Un homenaje al sacerdocio
- Dar esperanza entre tantos vacíos y sufrimientos
José Manuel García-Plaza (derecha),
con el actor, Turi, en el teatro de Chinchón
tras una función de Mi Cristo Roto.
Papel del sacerdote de la diócesis de Getafe
Religión Confidencial ha conversado con José Manuel García-Plaza, sacerdote de la diócesis de Getafe desde el año 2010 y que actualmente desarrolla su ministerio como Vicario Parroquial en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción en Chinchón. El papel de este sacerdote en esta aventura se circunscribe al acompañamiento espiritual al actor y a quienes se han ido uniendo a este proyecto pensado como un vehículo de evangelización.
El impacto que le causó la primera vez que vio la obra
“Conocí el libro “Mi Cristo roto” en el año dos mil uno. Era un libro que solía leer frecuentemente durante el tiempo de Cuaresma, pues siempre se ha considerado una obra muy adecuada para este tiempo de conversión”, explica el sacerdote a RC que confiesa que “nunca me llegó a llamar tanto la atención como ahora, veinticinco años después. Y ha sido el hecho de verla adaptada al teatro”.
Esa obra de teatro causó en él una impresión muy positiva “porque desde el primer momento nos hemos dado cuenta de que no se trata de una obra de teatro simplemente, sino de un acto evangelizador en el que Dios está, no como algo accesorio, sino que aparece como el que inspira, sostiene y acompaña todo el proceso”.
El protagonismo de fieles de su parroquia de Chinchón
La involucración de miembros de su parroquia de Chinchón en esta obra es notable. José Manuel García-Plaza asegura que su implicación nace fruto del empuje de un feligrés que colabora con el coro parroquial. En la obra aparece también Mateo, uno de los monaguillos habituales en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción. “Esto quiere decir que los dos actores son personas que están muy vinculados a la parroquia. Así mismo las personas que rodean todo este proyecto tienen una vinculación, en mayor o menor medida, con la fe”, declara el sacerdote a este medio.
Además, certifica ser testigo “de que la obra ha hecho mucho bien a personas que han ido a verla” aunque incide en que “los primeros beneficiados de ella somos todo el equipo que colabora desde dentro”.
Un homenaje al sacerdocio
Sobre el contenido de la obra, el sacerdote de Chinchón defiende que “supone una ayuda para revitalizar y dar esplendor al ministerio sacerdotal”. Desde un inicio, “he hablado del tema con todos los sacerdotes con los que he tenido la oportunidad de conversar y es que también los sacerdotes tenemos que hablar y compartir las cosas buenas que nos ocurren en el ministerio”, agrega.
En la obra, señala José Manuel, “aparecen otros temas que, sin duda, ayudarán a los sacerdotes a repensar y a restaurar su sacerdocio desde el verdadero y único Sacerdote que es Cristo”. En cualquier caso, resalta que “uno sale con las “baterías” recargadas y con más ganas e ilusión de querer ser cura, sabiendo que en la vida del sacerdote, Cristo y el sacerdote no están llamados a ser dos cosas distintas, sino que debe darse una total identificación entre ambos: «Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20)”.
Dar esperanza entre tantos vacíos y sufrimientos
Esta representación también puede servir para que muchas personas que experimentan vacío interior puedan encontrar un sentido profundo en sus vidas. José Manuel García-Plaza invita, en primer lugar, a que la Cuaresma sirva “para ahondar en los misterios de la vida de Cristo”. Haciendo un repaso de los evangelios de estos domingos de Cuaresma, este sacerdote defiende que “leídos en esa clave de unidad descubrimos que la respuesta a todo es Cristo. Solo Cristo responde al deseo de saciar el corazón del hombre; solo Cristo responde a la enfermedad; solo Cristo tiene la última palabra cuando la muerte parece que se sale con la suya”.
En este sentido, mantiene que “cualquier respuesta que no sea Cristo nos seguirá dejando rotos y vacíos por dentro. Nada nos saciará por completo, nada nos curará, nada nos consolará. Y hasta que el mundo no descubra eso no se podrá dar un sentido verdadero al sufrimiento”.
La obra, explica el sacerdote de Chinchón a Religión Confidencial, “tiene que ver mucho con la restauración”. Por ello, hace hincapié en que “todos, absolutamente todos, necesitamos ser restaurados para brillar con el esplendor con el que fuimos creados antes del pecado. Esos han sido los santos: los que han dejado traspasar la luz de Dios a través de ellos mismos como ocurre en los impresionantes rosetones de las imponentes catedrales góticas”.
José Manuel García-Plaza termina animando a “todo el mundo sin esperanza a que descubra lo profundo e insondable del amor de Dios que llega hasta el extremo” y recuerda que “cuando nos dejamos, Dios no ejerce sobre nosotros una justicia retributiva (al modo humano) dándonos lo que nos merecemos, sino que ejerce una justicia restaurativa (si se me permite la expresión). Entonces nos da lo que no nos merecemos, en el mejor sentido”.