Católicos

 

La vida consagrada se está “quedando en los huesos”: de la euforia posconciliar al cansancio actual

 

La 55ª Semana Nacional del ITVR aborda la reducción numérica y el envejecimiento como desafío y oportunidad espiritual

 

 

 

09/04/26 | Marta Santín, X


 

 

 

“Nos estamos quedando en los huesos”. La frase, pronunciada sin rodeos por Antonio Bellella, director del Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR), resume el diagnóstico que sobrevuela la 55ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, inaugurada este 8 de abril en Madrid. Un diagnóstico crudo, pero no exento de esperanza, que atraviesa todas las reflexiones de un encuentro que, bajo el lema “Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto”, pone el foco en uno de los mayores desafíos de la Iglesia contemporánea.

 

 

 

  1. Lo que está en crisis es el modelo de vida consagrada
  2. "De la crisis a la metamorfosis"
  3. Cuatro claves para la reflexión
  4. Mons. de las Heras: menos números y más Evangelio
  5. Fernando Vidal: solo el 15% de jóvenes es practicante
  6. Entre la crisis y la esperanza

 

 

 


Antonio Bellella y el obispo de León, Mons. Luis Ángel de las Heras
junto a otros ponentes durante la primera jornada
55ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada.

 

 

 

Desde hace más de medio siglo, este evento impulsa la reflexión teológica sobre la vida consagrada en España. En esta edición, sin embargo, el tono es especialmente incisivo. Ya no se trata solo de pensar el futuro, sino de afrontar un presente marcado por la disminución de miembros, el envejecimiento de las comunidades y el cierre progresivo de obras y casas religiosas.

 

Lo que está en crisis es el modelo de vida consagrada

Como relatan los responsables de esta jornada, hoy, la mayor parte de los consagrados en activo en Europa supera la edad de jubilación. En muchas congregaciones, la pirámide demográfica está completamente invertida: la franja más numerosa corresponde a quienes rondan los 80 años.

Se trata de generaciones que ingresaron en una Iglesia marcada por el impulso renovador del Concilio Vaticano II, con expectativas de crecimiento y transformación que, con el paso del tiempo, han tenido que reformularse.

Han sido testigos de la progresiva desaparición de noviciados, del abandono de la vida religiosa por parte de algunos miembros y del debilitamiento de proyectos que en otro tiempo parecían sólidos.

“Ya no es posible tapar el sol con un dedo”, reconocen los organizadores. Sobre la continuidad de muchas congregaciones planea una incógnita real. Sin embargo, los expertos matizan: no está en peligro la vida consagrada en sí misma, pero sí su modelo, su forma de presencia y su encaje en la Iglesia y en la sociedad actual.

 

 

 


55ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada,
organizada por el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR).

 

 

 

"De la crisis a la metamorfosis"

Nos estamos quedando en los huesos”, insistió Bellella durante la inauguración. Y añadió, evocando al profeta Ezequiel: “¿Podrán estos huesos volver a vivir? (Ez 37, 3). Y la respuesta de fe pascual es clara: sí, pueden volver a vivir”.

Lejos de un tono derrotista, el director del ITVR planteó la crisis como un proceso de transformación: “De la crisis a la metamorfosis, "desde la euforia del posconcilio hasta el cansancio actual”. Una evolución que, según explicó, afecta a todos los ámbitos de la vida consagrada: la fe, la vocación, la misión y la fraternidad.

“Estamos viviendo una profunda metamorfosis”, afirmó. “La reducción que afrontamos —numérica, estructural y simbólica— puede entenderse como una kénosis eclesial, un vaciamiento que nos devuelve al Evangelio: la debilidad como lugar teológico, la comunión como profecía”.

"Quizá hemos tenido que perder presencia, fuerza e influencia para descubrir a Dios en lo pequeño. La vida consagrada está llamada a reencontrar su forma más evangélica", remarcó Antonio Bellella, director del ITVR.

 

Cuatro claves para la reflexión

El encuentro, organizado por el ITVR —obra de los Misioneros Claretianos—, se articula en torno a cuatro núcleos de trabajo: tres miradas (teológica, sociológica y eclesial), tres modelos bíblicos, tres experiencias concretas y diversas experiencias eclesiales.

El objetivo es claro: ayudar a observar la realidad con esperanza, discernir los signos del Espíritu y renovar la identidad carismática sin caer en la nostalgia ni en el miedo.

 

 

 


Mons. Luis Ángel de las Heras durante las jornadas.

 

 

 

Mons. de las Heras: menos números y más Evangelio

El obispo de León, Mons. Luis Ángel de las Heras, presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, subrayó esta idea con claridad: “La Iglesia necesita una vida consagrada menos preocupada por contar casas, religiosos y obras, y más decidida a aprender el seguimiento de Cristo aunque llevemos paso lento y bastón”.

En su homilía de apertura, inspirada en el episodio del lisiado curado por Pedro, recordó: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo”. Para el obispo, esta imagen refleja bien la situación actual: comunidades con menos recursos, pero llamadas a ofrecer lo esencial.

El también misionero claretiano, agradeció al ITVR la creación de estos espacios de discernimiento y comunión e invitó a las comunidades a vivir esta etapa sin prisas ni nostalgias, con hondura espiritual y fidelidad a su carisma. “La vida consagrada puede ofrecer hoy tesoros valiosos a la Iglesia y a la sociedad: una palabra serena frente al miedo, una fe probada ante el desaliento, una presencia humilde que sigue diciendo que Dios es fiel incluso cuando todo parece disminuir”, afirmó.

 

 

 


El profesor Fernando Miguel Vidal, doctor en Sociología
y profesor de la Universidad Pontificia Comillas,
ofreció la conferencia titulada
“Encrucijada eclesial, ¿desplome o reconstrucción?”.

 

 

 

Fernando Vidal: solo el 15% de jóvenes es practicante

La primera jornada incluyó también la ponencia del sociólogo Fernando Miguel Vidal, quien ofreció un diagnóstico basado en datos contundentes.

Por primera vez, menos de la mitad de los mayores de 65 años se consideran católicos, y entre los jóvenes menores de 34 años esta cifra se reduce al 29%”, señaló. “De ellos, solo un 15% se declara practicante. Hoy hay un católico por cada 2,2 personas en España. Sin embargo, casi diez millones rezan cada semana. Hay fe, pero oculta; práctica, pero silenciosa”.

Según sus estimaciones, hacia el año 2100 uno de cada cuatro españoles será católico, lo que situará a la Iglesia en una posición claramente minoritaria. Pero lejos de interpretar este escenario en clave negativa, Vidal lo definió como un “kairós”, un tiempo de oportunidad. “Las minorías más auténticas son las que transforman la historia”, afirmó.

Para el sociólogo, el momento actual no es solo un cambio de época, sino “un cambio de edad”, más radical y ontológico, que afecta a la propia concepción del ser humano. “Ya no se pregunta por los derechos de los ciudadanos, sino por la definición misma del ser humano: qué es ser hombre o mujer, qué nos diferencia de los animales o de las máquinas”. En este contexto, propuso un modelo de cristianismo de proximidad, basado en la cercanía y la vida cotidiana.

“Quizá la tarea más urgente no sea crear nuevos movimientos, sino aprender a habitar las calles, las fronteras, la vecindad”, señaló. “La comunidad creyente del futuro será más pequeña, pero más luminosa; más humilde, pero más auténtica”.

 

 

 


P. Antonio Bellella, director del ITVR.

 

 

 

Entre la crisis y la esperanza

La conclusión final del resto de ponentes coincidieron en afirmar que la vida consagrada atraviesa una crisis profunda, pero esa crisis puede ser también un lugar de renovación.

Sin embargo, esta esperanza no oculta la dureza de la situación. Obliga, más bien, a un análisis honesto de la realidad y a una conversión profunda.

Como resumió Antonio Bellella: “Quizá hemos tenido que perder presencia, fuerza e influencia para descubrir a Dios en lo pequeño. La vida consagrada está llamada a reencontrar su forma más evangélica”.

En ese horizonte se sitúa esta 55ª Semana Nacional: no como un ejercicio de nostalgia por tiempos pasados, sino como un espacio de discernimiento para un futuro que, aunque incierto, sigue abierto.

Un futuro que, según las palabras del propio Bellella, se juega en una pregunta decisiva: si estos huesos, aparentemente secos, podrán volver a vivir.