Opinión

Cómo implementó Don Marcelo la visita papal

 

Gonzalo Pérez Boccherini Stampa


El Papa, en Barcelona.
Foto: Pablo Mariñoso de Juana

 

 

 

 

 

 

¿Qué puedo añadir a la valoración de la visita del Papa León XIV a España? Ha habido ya tantos artículos tan elogiosos y tan brillantes que no tengo nada que añadir.

¿Y “ahora qué”? Mi aportación quiero que sea en orden a la implementación. Pero también sobre esto se ha escrito ya ...

Me acerco al tema con temor, ya que en la Iglesia en España somos poco de evaluar, menos de pensar a largo plazo, mucho de eventos y poco de procesos.

Pero cuando escribí mi libro sobre el cardenal Marcelo González Martín me impresionó la manera en que aprovechó a posteriori la primera visita de Juan Pablo II.

Cuando estaba a punto de un cumplirse ¡un año! de la visita del pontífice polaco, Don Marcelo publicó la instrucción pastoral La visita del Papa a España y su aplicación a la diócesis de Toledo, el 12 de septiembre de 1983. Pasó con ello, de un modo decidido, de la reflexión a la acción, del pensamiento a la ejecución. ¡Tradujo los discursos en un plan pastoral diocesano en clave nacional!

Advirtió, en primer lugar, de los peligros que había que evitar ante la lectura de aquellos discursos, como podían ser el intelectualismo, la falta de atención a lo fundamental, el naturalismo, la parcialidad, la reducción, o el divisionismo.

¿Cómo proponía pasar de su lectura a la acción? Tratándolos en orden a extraer conclusiones prácticas en reuniones, concretamente en los grupos de la curia del arzobispado, de las delegaciones diocesanas, clero catedralicio, seminarios, comunidades religiosas de vida activa y entre los sacerdotes de los arciprestazgos. Estas reuniones, indicaba, que fueran “con toda sencillez, con toda caridad, en un clima de oración”. Sus resultados serían estudiados por el Consejo Presbiteral y servirían para la redacción de un directorio de acción pastoral válido para toda la diócesis. Después, las conclusiones se implementarían en las parroquias y en las asociaciones laicales, para que toda la diócesis colaborase y se implicase en su ejecución.

Don Marcelo bajó al terreno de explicar, incluso, el método que convenía llevar a cabo para lograr este objetivo: que cada uno estudiase los documentos y cuestionarios enviados, “que ponga por escrito sus respuestas a los cuestionarios y añada lo que deba añadir según su juicio, sin salirse del tema”, que enviase sus respuestas a quienes en su documento indicaba, que estos hicieran una síntesis, que los arciprestazgos y los grupos después se reuniesen con él, en tanto que obispo diocesano, y, luego, que el Consejo Presbiteral elaborase un Directorio Pastoral Diocesano.

Rogaba que todos se lo tomasen con el mayor interés. Y añadía que no sólo era cosa suya, que la Conferencia Episcopal de España también lo esperaba, pues estaba tratando de que en todas las diócesis se hiciera algo parecido. Creía que era una “obligación moral que tenemos de aplicar las enseñanzas del Papa y renovarnos en el servicio de la fe en que estamos empeñados, y que es la razón de nuestra vida y ministerio”.

Dos años después de la visita papal (sí, han leído ustedes Bien: ¡dos años!), cuando para muchos tal vez ya parecería algo lejano que se va perdiendo en el recuerdo, él, el 7 de octubre de 1984, volvió a publicar un nuevo artículo sobre aquella.

En fin, quiera Dios que todo lo vivido pase a ser asimilado por quienes lo hemos disfrutado, y que la vida recibida configure una nueva andadura en las estructuras eclesiales de la Iglesia en España.