Opinión

En qué cree la FSSPX

 

 

Pedro María Reyes


Davide Pagliarani, Superior General de la FSSPX.

 

 

 

 

 

En estas semanas, previas a la anunciada ordenación episcopal ilegítima que, si Dios no pone remedio, va a realizarse en el ámbito de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX) el próximo 1º de julio, las autoridades de esta institución fundada por Mons. Lefebvre han publicado dos profesiones de fe.

La primera de ellas la presentaron como un texto dirigido a la Santa Sede, aunque al hacerla pública desde el momento que la enviaron, parece más bien un intento de confrontar la profesión que ellos profesan con la fe que confiesa la Iglesia Universal. Y la segunda, que difundieron el 24 de junio, es mucho más larga, y asemeja a un resumen de sus críticas a la doctrina de la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II, Se diría que la elaboraron para reafirmar en la fe que ellos profesan a sus seguidores ante las jornadas críticas que se avecinan.

Hemos de recordar que a la Iglesia no le falta una profesión de fe, y esta es distinta de la que difunde el entorno de la FSSPX. La fe que profesamos los católicos se puede consultar en este enlace, y consiste en el Símbolo Niceno Constantinopolitano (lo que en muchos sitios llaman el Credo largo, que se puede usar en la Misa) más tres párrafos. Esta profesión de fe la deben pronunciar los fieles católicos cada vez que asumen ciertos cargos.

La cuestión es que los seguidores de la FSSPX no quieren proclamar esta profesión de fe. En la parte que es simplemente el Credo no tienen dificultad: el problema está en esos tres párrafos que se añaden. Una interpretación autorizada sobre ellos, por cierto, la ofreció el Cardenal Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, como nota explicativa cuando la Santa Sede promulgó la profesión.

Y en ellos se usan tres verbos para explicar el grado de adhesión a diversas doctrinas: creo, para lo que la Iglesia propone como divinamente revelado. Acepto, para aquello que la Iglesia propone como definitivo. Y me adhiero con religioso obsequio de voluntad y entendimiento, a las doctrinas enunciadas en el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.

Asumir esta profesión de fe implica reconocer la doctrina del Vaticano II y otras posteriores, cada una de ellas en sus diversos grados, por lo que la FSSPX no la proclama. Habiendo una profesión de fe que la FSSPX no quiere hacer, las que ahora están publicando más que ofrecer un punto de diálogo, presentan una línea roja que saben que la Santa Sede no puede atravesar. No marca un punto para iniciar el diálogo, sino que es una señal de ruptura. Implícitamente se reafirman en el rechazo a la profesión de fe que los católicos hacemos.

Pero sirve para recordar que el actual conflicto, que puede acabar en un cisma (y hemos de rezar para que no ocurra) no es una simple diferencia litúrgica, sino una cuestión doctrinal de fondo. Podemos decir que actualmente la FSSPX no profesa la fe de la Iglesia. Su negativa a aceptar la profesión de fe que los católicos realizamos es una manifestación de ello.

 

 

Pedro María Reyes