Palabras del Papa II: San Juan Crisóstomo
09/07/2026 | por Grupo Areópago
La tarde del sábado seis de junio la capital madrileña se convirtió en punto neurálgico para la juventud católica. Ya desde horas antes una multitud de peregrinos fue desplegándose por las calles adyacentes a la Plaza de Lima, lugar en el que tendría lugar la aparición del Papa León XIV y el Paseo de la Castellana se convirtió en un discurrir de mochilas, banderas, gorras y sobre todo cantidades incontables de alegría e ilusión. Era la ¨juventud del Papa¨. Alrededor de las ocho y media el sumo pontífice hizo acto de presencia y los gritos de júbilo fueron dando paso a la calma y la serenidad convirtiendo la capital en una gigantesca iglesia en la que aconteció el oxímoron perfecto: ¨silencio atronador¨.
Uno de los momentos cumbres de la celebración fue el que dio voz a los jóvenes permitiéndoles realizar preguntas al Santo Padre y una de ellas se centró en los referentes que a él mismo le habían servido como modelo. Las referencias a San Agustín eran obligadas pero el Papa también nombró a otros santos que resultaron enormemente instructivos. Estos son, la entrega de Santo Tomás de Villanueva, la labor evangelizadora de Santo Toribio de Mogrovejo en Perú y la irreductible fe de San Juan Crisóstomo.
Es precisamente este último, San Juan Crisóstomo, uno de los padres de la Iglesia. Su vida, en el siglo IV, no fue precisamente un camino de rosas. Su enorme talento para la elocuencia pronto le confirió el apodo de ¨Boca de oro¨ y fue nombrado patriarca de Constantinopla. Siendo testigo de una convulsa etapa histórica en la que el Imperio Romano se había dividido en dos partes, sus sermones siempre se caracterizaron por denunciar la injusticia, por hacer pública la corrupción de las instituciones de su tiempo y por exigir austeridad tanto a la nobleza y la aristocracia como al clero.
Los jóvenes que esa noche abarrotaban la Plaza de Lima en Madrid ya son diferentes de los que acompañaron a Benedicto XVI en la JMJ de Madrid, ni que decir tiene de los que acudieron a la llamada de Juan Pablo II en los años ochenta. Estos jóvenes han crecido con un móvil en las manos, entienden internet como una prolongación de sus vidas y siguen los predicamentos de unos nuevos gurús de la opinión conocidos como ¨influencers¨. De la misma manera, estos mismos jóvenes se encuentran sedientos de trascendencia, de retomar la humanidad que parece se les diluye entre los dedos entre pantallas y redes sociales, de acercarse a un concepto de verdad que les aleje de la incertidumbre, de adquirir la valentía suficiente para sacarlos de sus lugares de confort En este sentido, el Papa León XIV elige a un santo recóndito y olvidado para que sean conscientes de que es necesario ¨ser humanos¨, ser testigos de la fe con la ¨coherencia de vida¨, y ser testigos comprometidos librándose de cualquier coacción. Si San Juan Crisóstomo supo enfrentarse a los poderosos defendiendo la rectitud de sus valores y principios, los jóvenes actuales deben hacer frente a un mundo adverso en el que muchas veces es difícil dar testimonio de fe en sus ambientes.
El silencio, ese que reinó durante toda la vigilia en la Plaza de Lima, es el sitio indicado para encontrar a Dios. En su presencia, obtendremos las fuerzas necesarias para avanzar y enfrentarnos a cualquier contratiempo. Como lo hizo San Juan Crisóstomo. Magnífica elección la de León XIV.
GRUPO AREÓPAGO