Conferencia Episcopal
Mons. Argüello: “Para unos soy un rojo peligroso, para otros un carca terrible”
El presidente de la Conferencia Episcopal concede una extensa entrevista en exclusiva a Religión Confidencial que será publicada en dos partes
13/07/26 | Javier Arias, X
Moseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha sido, muy a su pesar, protagonista durante estas horas pasadas de una polémica generada por su intervención en un Curso de Verano de la Fundación Pablo VI.
- Una entrevista en dos partes
- Relación con los partidos
- Del titular al clic
- Un rojo peligroso y un carca
- La diócesis de Valladolid
- La Causa de Isabel la Católica
- Comunión en caso de nueva relación conyugal
- Sinodalidad
- Fraternidad San Pío X
Mons. Luis Argüello junto al cuadro del Papa León XIV
colocado en la sede de la CEE.
Foto Javier Arias
A partir de su intervención, y de la referencia a una frase de san Agustín sobre los fundamentos éticos del Estado, el ministro Bolaños le envió una carta en la que volvía a convertir a monseñor Argüello en la diana de no pocos medios de comunicación y opinadores que, de forma sincronizada, se abalanzaron contra el arzobispo de Valladolid.
Esa polémica que se estaba gestando cuando se realizaba esta entrevista.
Una entrevista en dos partes
Con 38 sofocantes grados en la calle en una calurosa tarde de julio en Madrid, el presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, recibía en Añastro a Religión Confidencial para una entrevista exclusiva sobre temas diversos de actualidad eclesial, social y política.
La extensión de la entrevista ha hecho que se divida en dos partes. Aunque la primera se centra en cuestiones intraeclesiales, por imperativo de la actualidad a partir de la polémica de este fin de semana, adelantamos la primera pregunta de la segunda parte.
Esta respuesta primera de don Luis clarifica y aborda el contexto. En la segunda parte de la entrevista se abordarán también otros aspectos que clarifican lo ocurrido en estos días.
Relación con los partidos
P- ¿Cómo es su relación con los principales partidos políticos de España?
“En la situación con los partidos, no es lo mismo si hablamos de los partidos que están en el Gobierno, ya sea en un pueblo, en la diócesis, ya sea en la Comunidad Autónoma, ya sea en la Diputación. Yo, desde luego, he querido, quiero y querré mantener una relación con todos y desde ahí poder tener unas posibilidades de diálogo sin tampoco esconder lo que, por una parte, la Iglesia piensa y más allá de lo que la Iglesia piensa, también lo que pueden ser criterios u opiniones personales”.
“En este sentido, mi experiencia global a la hora de hacer esto es buena. Recientemente, en Valladolid, después de la visita del Papa y con motivo de celebrar la fiesta de Santo Tomás Moro, patrono de los políticos, convoqué a políticos de todos los grupos. Pudimos comer juntos, les entregué el discurso del Papa. Tuvimos un diálogo. Al hilo del diálogo puse algunos acentos, a algún grupo político le parecía mejor otro, pero en conjunto fue un encuentro grato”.
Del titular al clic
“Otra cosa es que los encuentros, los diálogos, la presencia en foros distintos, termina llegando a la opinión pública a través de los medios de comunicación. Los medios de comunicación tienen una regla del juego insuperable: que viven del titular. Y ahora, en la época de lo digital, viven del clic. Con lo cual, los titulares tienden a ser llamativos, generalmente desenfocados, porque, al poner el foco en solo algo, cuando ha habido una intervención o un diálogo con otra persona de los que yo he mantenido últimamente, o una intervención de media hora, de tres cuarto de hora, yo suelo ser bastante libre. Además suelo intervenir no leyendo mis intervenciones. Es verdad que puedo ser impreciso en una cosa u otra, o puedes bandear de acá para allá. Entonces, un titular subraya un aspecto, otro subraya otro, eso es lo que llega a la opinión pública”.
“En este sentido, yo ya esto lo tengo asumido. La realidad de las cosas es la que es. Yo las cosas que digo las he dicho y ya está. Normalmente quieren formar parte de un discurso católico, integral, que pone en juego los diversos factores que pueden estar en un asunto. Esto normalmente, y más cuando la sociedad está polarizada, es complicado. Porque, si quieres ser católico y pones todo en juego, es fácil que alguien se quede con uno de los lados de tu catolicidad”.
Un rojo peligroso y un carca
“Yo soy un maniático de poner en relación antropología, economía y política. Entonces, según dónde me pilles en mi discurso, para unos soy un rojo peligroso, porque suelo hablar contra el capitalismo, y para otros soy un carca terrible porque hablo a favor de la vida y por tanto no reconozco el derecho al aborto, planteo la familia como familia, unión entre varón y mujer, y cómo eso como es clave para la edificación de un pueblo que es el sujeto de la democracia”.
“Afortunadamente el grandísimo discurso católico que escuchamos a León XIV en las Cortes produjo el efecto de que, al escucharlo entero, porque fue escuchado entero por los que estaban allí, incluso por los que lo seguían en los medios, produjo el asombro de lo católico que desborda las parcialidades. En ese sentido, yo creo que la mayoría de los miembros de las Cortes, senadores y diputados, recibieron bien el discurso porque superó la lógica de un partido, porque el partido siempre toma partido, hace parte de la realidad. Lo católico en ese sentido trata de integrar. Desde el punto de vista mediático mi tipo de discurso es fatal porque estoy siempre en riesgo de que un titular me tire toda una intervención de más de media hora”.
La diócesis de Valladolid
P- Con tantos frentes abiertos, ¿no echa de menos el poder tener un obispo auxiliar que le ayude en Valladolid?
R-“Afortunadamente, en este momento en la diócesis está viviendo el obispo emérito de Santander, lo cual, para algunas celebraciones que piden una singular presencia episcopal, es de gran ayuda. El equipo de personas con el que trabajo, empezando por el vicario general, desarrollan también bien su misión, lo cual no quiere decir y no excluya que la presencia de un colaborador más, que fuese obispo auxiliar, fuera buena. Pero, vamos, en principio en la situación actual estoy satisfecho con ella”.
P-¿Qué retos cree que tiene por delante su archidiócesis?
R-“Acabamos de vivir toda una asamblea eclesial de la Iglesia en Castilla y en Valladolid. Como la mayoría de las iglesias de toda esta región, tienen un desafío evangelizador grande, como todas las diócesis de España, pero en un contexto de muchas parroquias rurales muy pequeñas, de un pueblo de Dios quizás globalmente envejecido, y desde ahí tenemos, por una parte, el desafío misionero que todos tenemos, y la necesidad de vivir como una reorganización a la hora de ver cómo cuidamos a las personas, que es lo que podemos considerar como una unidad parroquial o pastoral que tenga entidad suficiente para desarrollar toda la misión de la Iglesia”.
“También descubrimos, como en otros lugares de España, una sed de Dios, una realidad nueva desde los retiros de impacto, desde la importancia de la adoración eucarística que dan los jóvenes, desde un deseo de encontrar amigos y buscar en el Evangelio y en la Iglesia pistas para un mundo que genera un cierto desconcierto”.
P-Le pregunto también por los retos de la Iglesia en España, que no sé si son muy diferentes a los de Valladolid…
R-“En esta asamblea de la Iglesia en Castilla que tuvimos en Ávila definimos unas llamadas prioridades, y que sustancialmente coinciden con las llamadas acciones prioritarias del recientemente publicado plan de trabajo pastoral de la Conferencia Episcopal Española, es decir: anuncio del evangelio, iniciación cristiana, celebración del domingo, reestructuración de las 22.000 parroquias que hay en España, de las cuales más de la mitad están en municipios pequeños, el desafío de la presencia pública que, por otra parte, el Papa León en su presencia aquí y en Magnifica Humanitas, ha querido impulsar con especial fuerza”.
“Y para llevar todo esto nos planteamos también quién ha de hacerlo, con lo cual está toda la cuestión vocacional y cómo hacerlo, en lo que está la corresponsabilidad de unos y otros a la que el sínodo de la sinodalidad nos está impulsando. En este sentido, los acentos son parecidos. Pero no cabe duda de que no es lo mismo, por ejemplo, una diócesis como Madrid, que alguna de sus parroquias tiene un territorio con más habitantes que alguna de nuestras diócesis entera. Vivimos en contextos distintos, pero en un ambiente cultural, social, eclesial, que es similar”.
La Causa de Isabel la Católica
P-¿Cómo van los trabajos de la Causa de beatificación de Isabel la Católica?
R-“Por nuestra parte, estamos tratando de impulsar lo que desde Roma se nos pidió, que es continuar con los estudios históricos y promover la devoción, tanto en España como en Iberoamérica. En esto estamos, para poder encontrar un momento en el que planteemos a la Santa Sede la situación de este proceso y poder recibir una respuesta de la Santa Sede a la hora de seguir adelante, de seguir en pausa o pensar, aunque yo creo que nadie duda de las virtudes de Isabel de Castilla, de la importancia que ha tenido para el anuncio del Evangelio y para la extensión de la Iglesia, pero eso yo creo que está acreditado”.
“La calificación de alguien como santo, y puesto ahí como una referencia pública, está en el discernimiento de la Iglesia y nosotros a él nos sometemos. Pero yo estoy satisfecho del camino de estos últimos años, en el que no cabe duda de que se ha hablado más de Isabel que nunca, y estoy muy satisfecho porque el Papa, cuando estuvo en el Congreso de los Diputados, también mencionó a Fernando y a Isabel y les puso en relación con una historia de la que España debe de sentirse orgullosa”.
Comunión en caso de nueva relación conyugal
P-Mirando ahora a Roma, en su carta pastoral del 1 de junio recordaba que no pueden comulgar quienes han roto su matrimonio y viven una nueva relación conyugal. ¿Será este uno de los temas que defienda en la reunión convocada en Roma por el Papa para hablar sobre la familia y el matrimonio?
R-“Para esa reunión hay un guión que ya se nos ha ofrecido, en el que mayoritariamente está la promoción de la vocación al matrimonio y qué es lo que estamos haciendo para esto y qué dificultades encontramos. También hay un capítulo dedicado a la pastoral de las personas que encuentran alguna dificultad. Yo creo que Amoris Laetitia proclamaba, por un lado, la realidad de la doctrina de la Iglesia y luego pedía hacer un discernimiento ante situaciones o casos concretos”.
“En este caso, estamos hablando de cuidar dos sacramentos: el del matrimonio, con la importancia que tiene; y la eucaristía celebrada con la comunión eucarística, que se puede también vivir y participar en la eucaristía sin la comunión eucarística; pero expresar esa plenitud de comunión con la Iglesia, que significa la comunión eucarística, a todos nos pide caer en la cuenta de cómo está nuestro corazón. Y en este tipo de situaciones yo creo que está el principio general, que es bueno recordar, y a partir de ahí, como siempre, hay que acoger y acompañar a las personas y ver cuál es su situación real, las posibilidades de ver si su matrimonio es nulo o pudiera ser nulo, la facilidad o dificultad para demostrarlo en un proceso canónico. Son otra serie de factores que entran en juego”.
“Pero en este caso, como en otros de la vida eclesial, hace falta tener claro cuál es el horizonte de plenitud, de santidad a la que la Iglesia nos llama, y luego cómo acoger a cada persona, a cada situación, pero sin confundir los términos. Acoger a alguien no significa renunciar a nuestra propuesta de vida plena”.
Sinodalidad
P-Usted ha sido uno de los obispos que participó en Roma en el Sínodo, ¿cómo definiría usted la sinodalidad?
R-“El impulso de la comunión misionera. El sínodo de la sinodalidad es una fase solemne de acogida y de aplicación del Concilio Vaticano II. Un Concilio que vino a decir que la Iglesia es un misterio de comunión para la misión. En este misterio, en este sacramento, participamos por el bautismo y por el bautismo, todos somos profetas, sacerdotes y reyes llamados a encarnar la comunión de la Iglesia y responsables de la misión. Y esto lo hacemos, no solos, sino acompañados de una manera singular por Jesucristo, que se hace presente en el Ministerio Ordenado”.
“El sínodo nos pide una corresponsabilidad diferenciada en esta comunión de la que participamos por el bautismo y en la que nuestra respectiva vocación nos sitúa en esa corresponsabilidad con un papel propio. Los laicos están llamados a la misión estando presentes en la vida del mundo, ejerciendo la caridad política, la caridad en la polis, que empieza desde la propia casa, en el trabajo, en las relaciones de vecinos, en las instituciones, en la cultura. Los sacerdotes estamos llamados a vivir la misión ejerciendo la caridad pastoral, saliendo al anuncio del Evangelio, acogiendo, escuchando, acompañando; y los religiosos, desde el testimonio, o bien de su alabanza, de su vida fraterna, de su dedicación singularísima a los pobres… pero todos somos la Iglesia”.
“Este sínodo ha recuperado una expresión de la Iglesia primitiva, que es llamar a la Iglesia camino o sínodo. A veces, las jergas eclesiales o eclesiásticas, la interpretación de las mismas, puede parecer que estamos ante una especie de invento o de superestructura que pueda ser utilizada de una manera o de otra, pero en realidad esto, por una parte, obedece a la gran tradición, y por otra no deja de ser la aplicación concreta de lo que el Concilio Vaticano II expresa con la importancia que da al catecumenado bautismal y a la vocación de todos a la santidad para vivir desde ahí la comunión y misión de la Iglesia”.
P-Recientemente, en una entrevista, el cardenal Rouco Varela defendía que los laicos no deben votar en el Sínodo, ¿comparte esa tesis?
“La situación en este momento está en la distinción entre una llamada asamblea eclesial, que es lo que por cierto ha convocado el Papa para octubre del 2028, y lo que pueda ser sínodo de los obispos en sentido estricto. Este asunto no lo resolvió del todo el sínodo y esta es una cuestión abierta. En todo caso, sí que el sínodo pasado, convocado como sínodo de los obispos, tuvo por una parte algo que los sínodos anteriores habían tenido, que es la participación de laicos, hombres y mujeres, y de religiosos”.
“Eso siempre ha ocurrido en los sínodos, siendo como consultores, pudiendo dar sus opiniones y demás, y luego el momento de la votación. Es verdad que en la composición del sínodo sobre la sinodalidad se aseguró que más de dos tercios de los presentes fueran obispos, pero fue una de las cuestiones debatidas. Es verdad que el sínodo de los obispos se crea después del Concilio Vaticano II para seguir asegurando la colegialidad episcopal. Yo creo que esto sí que es una cuestión que está pendiente y precisaría una clarificación”.
Fraternidad San Pío X
P-Acabamos de vivir un nuevo cisma dentro de la Iglesia con las consagraciones episcopales de la FSSPX, ¿cómo lo ha vivido?
R-“Siempre que se produce una ruptura en la vida eclesial es un dolor. Aquí hay una cuestión que ha ocurrido más veces en la Iglesia, que es la tensión entre la lex orandi, que marca la liturgia, la lex credendi, y luego cómo vivimos la fe. Aquí algunas cuestiones se han planteado desde la lex orandi a la hora de la celebración de la Eucaristía y qué rito de los que, a lo largo de la historia, la Iglesia ha tenido, partiendo siempre de la referencia del Nuevo Testamento; y luego, ponerlo eso con la lex credendi, con lo que creemos”.
“Creo que esta crisis ha surgido, no tanto por la cuestión litúrgica, aunque se haya expresado en la liturgia, sino por la no aceptación del Concilio Vaticano II, por pensar que algunos de los pasos que da el concilio Vaticano II, sobre todo en el decreto sobre la libertad religiosa: hay un grupo de personas que eso les parece que es romper con la tradición de la Iglesia”.
“Yo creo que la propia Iglesia, respetando su tradición, un concilio, unos papas, nos confirman en la fe de que esto forma parte de la tradición de la Iglesia y desde ahí se ha producido esta ruptura. En la tradición de la Iglesia está, desde hace siglos, que, a la hora de nombrar o de ordenar nuevos obispos, se cuenta siempre con el obispo de Roma. Es verdad que ha habido formas, y hay en la Iglesia, formas de propuesta de candidatos al ministro y a la discipal distintas, pero lo que no existe son fórmulas en las que se excluye la confirmación del papa”.
“Entonces, este paso dado con la ordenación de los obispos rompe, no con la Iglesia del Vaticano II, sino rompe con la Iglesia anterior al Vaticano II, porque en la Iglesia anterior al Vaticano II, también el nombramiento de obispos estaba vinculado a que el obispo de Roma ofrezca su beneplácito”.