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El obispo de Cádiz y Ceuta: “He necesitado reposar y comprender el alcance de lo que hemos sufrido”
10/08/26 | Zenón de Elea
El Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta,
Mons. Ramón Valdivia en la ofrenda floral a Nuestra Señora de África.
Foto: Diócesis de Cádiz y Ceuta, (Quino).
Si en mi anterior artículo calificaba de ambigua la primera respuesta del Obispado de Cádiz y Ceuta ante la crisis migratoria vivida en la ciudad autónoma, ahora tengo que reconocer que el administrador apostólico de la diócesis, monseñor Ramón Darío Valdivia Giménez, ha dado un paso adelante que merece ser destacado.
El primer comunicado, publicado el 30 de julio, provocó desconcierto entre muchos fieles. La decisión de destinar íntegramente las colectas de aquel fin de semana a la atención de los migrantes fue recibida con incomprensión por numerosos ceutíes, que estaban viviendo también momentos de enorme angustia, miedo e incertidumbre. La propia diócesis explicó entonces que los fondos serían canalizados a través del Centro de Atención a Personas Migrantes San Antonio.
Pero ahora, en un segundo comunicado, el tono es otro. Mucho más profundo. Mucho más cercano. Y, sobre todo, mucho más consciente de la realidad que ha vivido Ceuta.
Mons. Valdivia reconoce con una sinceridad que conmueve: "He necesitado reposar y comprender el alcance de lo que hemos sufrido y, al mismo tiempo, intentar comprender, con mis luces, la repercusión que excede lo que los medios de comunicación han ido mostrando".
Quizá esa frase explique muchas cosas. Porque a veces es necesario detenerse, escuchar y mirar a los ojos de quienes han vivido el miedo para comprender que detrás de las cifras existen personas, familias, comercios cerrados, incertidumbre y una ciudad entera intentando recuperar la normalidad.
Su segunda carta es, por eso, digna de elogio. Mons. Valdivia no oculta la tragedia humana ni las responsabilidades que se encuentran detrás de ella. "Miro el desastre humanitario que ha generado la ambición y la corrupción", afirma, para describir después a jóvenes sin futuro lanzados hacia lo desconocido, niños convertidos en víctimas y familias ceutíes que han sentido vulnerado su espacio y su seguridad.
Y entonces aparece lo que, para un sacerdote, no puede faltar: la fe.
"Brota en mi corazón la gratitud de la fe. Desde el primer instante, Santa María de África ha sido el baluarte donde consolidar el refugio, la brisa suave de Elías, que, en medio de la persecución, da la respuesta que todos nos hacemos ¿Dónde está Dios? Ni en el huracán, ni en el terremoto… Está en la dulzura de una Madre, que llora ante la muerte de su Hijo, mientras lo acoge en su regazo. He podido percibir cómo la Madre y Patrona de Ceuta, una vez más en la historia, se ha convertido en el faro que guía nuestro surcar los mares embravecidos".
Y es que, es precisamente lo que muchos ceutíes han buscado estos días: refugio. Y lo han encontrado en su Patrona.
El administrador apostólico agradece también al Papa, a los sacerdotes, parroquias, religiosos, voluntarios, Cáritas y, especialmente, a la Hermandad de Santa María de África, reconociendo que "juntos hemos intentado dar un ejemplo de unidad en medio de tanta crispación".
Y finalmente llega la respuesta que quizá más necesitaba escuchar una comunidad cristiana sometida a tanta tensión: la oración. No como evasión, sino como acción de fe. Una propuesta de una gran profundidad teológica para que no se nos olvide que la oración de petición es lo que nos caracteriza a los católicos:
"Como propuesta de acción eclesial a esta crisis humanitaria y de confianza, creo necesario poner nuestra mirada en Dios", escribe. Y exhorta a todas las parroquias de la diócesis a celebrar una Vigilia de oración por la paz, la estabilidad y la justicia en Ceuta en la víspera de la Asunción de María.
Después de lo ocurrido, solo cabe agradecer este cambio de mirada. Porque la Iglesia debe estar junto al que sufre, sea quien sea. Pero también debe saber escuchar el dolor de su propio pueblo.
Hoy, Mons. Valdivia lo ha hecho. Y en Ceuta, donde tantos han vivido días de miedo, la fe vuelve a recordar que la oración no elimina las dificultades, pero puede transformar la manera de afrontarlas.
Santa María de África vuelve a ser, una vez más, ese faro al que mirar cuando el mar está embravecido.