Tribunas

Valores y Verdades

 

 

Ernesto Juliá


El obispo noruego Erik Varden.
Foto: Opus Dei.

 

 

 

 

 

El obispo noruego Erik Varden, que predicó los últimos ejercicios espirituales a la curia vaticana, hizo una clara referencia a uno de los peligros grandes con los que se enfrenta la Iglesia en el ambiente actual del mundo.

Estas son sus palabras: “Es tentador pensar que debemos seguir las modas del mundo. Es, diría yo, un procedimiento dudoso. La Iglesia, un cuerpo lento, siempre correrá el riesgo de parecer y sonar pasada de temporada. Pero si habla bien su propio lenguaje, el de las Escrituras y la Liturgia, de sus padres y madres, poetas y santos pasados y presentes, será original y fresca, lista para expresar verdades antiguas de nuevas maneras, teniendo la posibilidad, como lo ha hecho antes, de orientar la cultura” (24–II-26).

Y un día después, como señalando quienes podrían caer en ese error de desfigurar y de banalizar las Verdades de la Fe y de la Moral, que la Iglesia ha vivido desde sus orígenes, siguiendo las “palabras de vida eterna”, pronunciadas y vividas por Jesucristo, Dios y hombre verdadero, afirmó:

“Nada ha causado a la Iglesia un daño más trágico, ni ha comprometido más nuestro testimonio, que la corrupción surgida desde dentro de nuestra propia casa. La peor crisis de la Iglesia no ha sido provocada por la oposición secular, sino por la corrupción eclesiástica. Las heridas infligidas necesitarán tiempo para sanar. Claman por justicia y por lágrimas” (25-II-26).

La tendencia a querer “seguir las modas del mundo” y vivir de “valores” que se inventa cada uno, están arraigadas en no pocas personas con autoridad en la Iglesia. Ya me he encontrado con algunas parroquias que han visto el descenso paulatino y constate de fieles, que cuando los sacerdotes que la atienden cambian de lugar, y llegan otros que viven con toda seriedad la Liturgia, que hablan con palabras de las Verdades del Evangelio, y recuerdan la realidad del pecado, del perdón de Dios, de la Confesión –“palabras de viva eterna”-, que recuerdan la realidad de las Verdades de las postrimerías –Muerte, Juicio, Infierno y Gloria-, y recuerdan el Amor de Cristo, muerto en la Cruz cargando con los pecados del mundo, y Resucitado; y vuelven a la práctica de la veneración al Santísimo Sacramento y al rezo del santo Rosario, ven con serenidad y alegría el retorno de los fieles que llenan el templo en el deseo de oír la voz y  de adorar a Dios Uno y Trino.

La sociedad actual en no pocos países de Europa, está dominada por gobiernos que desprecian a la familia, y de forma más patente, a la familia numerosa; que pretenden declarar derechos a hechos que son puros y duros asesinatos, como lo son el aborto, la eutanasia; que manipulan la educación subrayando el individualismo y lo que queda del “ego”, del “yo” de cada ser humano, al que ya no se le da ningún sentido transcendente a su vida. Es una sociedad en la que los “valores” por excelencia son el dinero, el sexo y el hacer lo que cada uno le venga en gana; una sociedad en la que las palabras carecen de un sentido claro y definitivo, y ni siquiera sirven para mantener una conversación que lleve a algún lado, porque cada uno les da el significado que le conviene. Por ese camino no surge jamás ni una cultura ni una civilización.

En una sociedad así la Iglesia necesita transmitir el mensaje de Cristo, Salvador y Redentor, con toda Claridad y Caridad, con palabras de Vida Eterna. Ha de recordar todos y cada uno de los Sacramentos, de los Mandamientos, de las Bienaventuranzas, de las Postrimerías, etc; bien consciente de que ese es el camino que vivieron los primeros cristianos, el que pusieron en práctica las generaciones de creyentes que han extendido al mundo entero, y a lo largo de los siglos, las Verdades de la Muerte y de la  Resurrección de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, “Camino, Verdad, Vida”; vida que no se acaba en la tierra, que está abierta a la Luz y al Amor del Cielo, o a la oscuridad y el odio del infierno.

Y han dado origen a culturas en las que las Verdades del Cristianismo han visto nacer la justicia, el respeto, y una enseñanza, que han dado lugar al nacimiento de Universidades, de Seminarios, de asociaciones caritativas, de familias numerosas, que han hecho posible la existencia de “buenos samaritanos”, que han llevado el Amor, la compañía, la comprensión, las buenas y consoladoras palabras, a todos los rincones de la tierra.

 

 

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com