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El arzobispo de París llama a los católicos a no acogerse al nuevo «derecho» a la muerte asistida: «Nada debería obligarnos a convertirlo en realidad»

 

Monseñor Laurent Ulrich reclama «decisiones valientes» tras la entrada en vigor de la ley y pide que los centros de cuidados paliativos sigan siendo «lugares donde nadie matará».

 

 

 

21/08/26 | J. A.


 

 

 

Monseñor Laurent Ulrich reclama «decisiones valientes» tras la entrada en vigor de la ley y pide que los centros de cuidados paliativos sigan siendo «lugares donde nadie matará».

 

 

 

  1. «Esta ley ya forma parte de nuestro ordenamiento jurídico»

  2. Pide a los católicos no acogerse al nuevo «derecho»
  3. Los centros de paliativos, «lugares donde nadie matará»
  4. «Podemos compensar este abandono mediante nuestro compromiso personal»
  5. Construir una red de acompañamiento a enfermos
  6. Una llamada a rezar por enfermos, médicos y familias
  7. Hace suyo el mensaje del Papa

 

 

 


Monseñor Laurent Ulrich.
Foto: Yannick Boschat / Diócesis de París

 

 

 

El arzobispo de París, monseñor Laurent Ulrich, ha reaccionado a la promulgación de la ley francesa que reconoce el derecho a la muerte asistida con un mensaje dirigido a los católicos y al conjunto de la sociedad: «Debemos seguir orando, teniendo esperanza y actuando con creatividad y constancia». Para el prelado parisino, la entrada en vigor de la norma no supone el final de la oposición de la Iglesia, sino el comienzo de una nueva etapa marcada por la acción, el acompañamiento y la oración.

Ulrich considera que Francia se encuentra ante una «gran contradicción». Mientras el Parlamento ha votado por unanimidad la promoción y el desarrollo de los cuidados paliativos como una prioridad nacional, su acceso continúa siendo desigual en el territorio. En este contexto, denuncia que a los más vulnerables se les pueda «ofrecer y presentar la muerte como un tipo de atención» antes de garantizarles un acceso justo e igualitario a los cuidados paliativos.

 

«Esta ley ya forma parte de nuestro ordenamiento jurídico»

El arzobispo parisino reconoce que la nueva legislación es ya una realidad jurídica. «Esta ley ya forma parte de nuestro ordenamiento jurídico», afirma, aunque inmediatamente advierte de que «esto no marca el fin de nuestra lucha por la fraternidad».

Su respuesta pasa por mantener la esperanza y traducir las convicciones cristianas en actuaciones concretas. Como «ciudadanos responsables y cristianos», señala, los creyentes deben partir de la convicción de que «esta vida que recibimos, que nunca nos pertenece del todo, debe ser amada y cuidada, y que su final debe ser acompañado y aliviado».

Para Ulrich, no se trata únicamente de una cuestión relacionada con la moral individual. «La dignidad de toda nuestra sociedad depende de este acompañamiento fraterno, del apoyo que brindamos a los moribundos», sostiene.

 

Pide a los católicos no acogerse al nuevo «derecho»

Una de las principales llamadas del arzobispo de París pasa por las decisiones personales. Ante la posibilidad legal de recurrir a la eutanasia o al suicidio asistido, reclama que los católicos comiencen por no convertir esa posibilidad en una opción para sus propias vidas.

«Nos corresponde, ante todo, elegir no exigir este nuevo “derecho”», afirma. Ulrich admite que «la eutanasia y el suicidio asistido existen ahora como una posibilidad», pero subraya que «nada debería obligarnos a convertirlos en realidades en nuestras vidas».

El prelado habla de la necesidad de adoptar «decisiones valientes, quizás incluso poco convencionales», no solo en el ámbito público o político, sino también en las elecciones personales que cada ciudadano tendrá que afrontar ante el sufrimiento, la enfermedad y el final de la vida.

 

Los centros de paliativos, «lugares donde nadie matará»

Ulrich encuentra también un espacio para la acción en las reservas expresadas por el Consejo Constitucional francés sobre la legislación. A su juicio, esas reservas pueden convertirse en una oportunidad para preservar la identidad de determinadas instituciones sanitarias y asistenciales.

En concreto, pide que las estructuras que han convertido el acompañamiento a las personas gravemente enfermas y los cuidados paliativos en su razón de ser encuentren en esas reservas «un estímulo para mantener su particularidad».

Su deseo es que continúen siendo «esos lugares donde nadie matará», una expresión especialmente contundente con la que el arzobispo de París reivindica que los centros dedicados a los cuidados paliativos mantengan una identidad propia frente a la nueva legislación.

 

«Podemos compensar este abandono mediante nuestro compromiso personal»

El mensaje de Ulrich no se limita a pedir resistencia ante la ley. También reclama una implicación directa para evitar que las personas mayores, enfermas, vulnerables o que sufren lleguen a considerar la muerte como la única salida.

«Muchos nos oponemos a este abandono de los ancianos, los enfermos, los vulnerables y los que sufren, que esta ley pone de manifiesto», afirma. Pero, a continuación, plantea una respuesta concreta: «Podemos compensar este abandono mediante nuestro compromiso personal».

El arzobispo invita así a los católicos a implicarse en asociaciones que acompañan a personas al final de sus vidas. Si la sociedad quiere evitar que alguien «se sienta jamás inútil, pobre o indigno hasta el punto de pedir la muerte», considera necesario responder mediante la cercanía personal.

Ulrich vincula esta tarea directamente con el Evangelio y recuerda las palabras de Cristo en el capítulo 25 de san Mateo: «Estuve enfermo y me visitasteis».

 

Construir una red de acompañamiento a enfermos

La llamada del arzobispo de París se concreta en una tarea que, según explica, no requiere necesariamente grandes recursos: estar presentes.

«Aliviar el dolor sigue siendo responsabilidad de los cuidadores; el tiempo dedicado está al alcance de todos», afirma. Por eso considera que, en la nueva situación creada por la ley, adquiere especial valor «el testimonio generalizado de manos tendidas, palabras intercambiadas, escucha, compartir y compasión».

La apuesta de Ulrich es, por tanto, construir una red de acompañamiento que impida que los enfermos y quienes afrontan el final de su vida experimenten soledad o abandono. La respuesta cristiana a la nueva legislación pasa, en buena medida, por multiplicar esa presencia junto a quienes sufren.

 

Una llamada a rezar por enfermos, médicos y familias

Junto a la acción, el arzobispo insiste en una segunda dimensión: la oración. «Siempre es nuestro deber orar», recuerda.

Y concreta quiénes deben estar especialmente presentes en las oraciones de los católicos: «Por quienes se acercan al final de sus vidas, por los cuidadores que se enfrentarán a peticiones de muerte, por quienes responderán a ellas».

Pero Ulrich incorpora también a las familias, a las que augura situaciones especialmente difíciles como consecuencia de la aplicación de la nueva legislación. «Oremos también por las familias, que bien podemos prever que quedarán desamparadas o separadas para siempre por las situaciones que la ley inevitablemente creará», señala.

El arzobispo pide, al mismo tiempo, no perder de vista a ninguna de las personas implicadas: «Debemos estar cerca de cada persona, seguir firmes en lo que creemos que es correcto y verdadero, pero también acoger, consolar y acompañar».

 

Hace suyo el mensaje del Papa

Ulrich sitúa este desafío en los próximos años y recuerda que la cuestión del acompañamiento al final de la vida ya estaba presente en el debate francés antes de la aprobación de la ley. En concreto, señala que algunos miembros de la Convención Ciudadana sobre Cuidados al Final de la Vida ya reflexionaron sobre ello cuando se reunieron con líderes religiosos «hace casi cuatro años».

Para afrontar esta nueva etapa, el arzobispo de París recurre a unas palabras pronunciadas por el Papa León XIV el mismo día de su elección desde el balcón de la Basílica de San Pedro. El pontífice llamó entonces a «buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construya puentes, fomente el diálogo, siempre dispuesta a acoger, como este lugar, con los brazos abiertos».

Ulrich hace suya esta orientación y la aplica al desafío que plantea la muerte asistida en Francia. Su mensaje concluye ampliando el destinatario de esa misión: «A todos, a todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, nuestro diálogo y nuestro amor».

Para el arzobispo de París, la entrada en vigor de la ley no cierra el debate sobre el final de la vida. Abre, por el contrario, un escenario en el que la Iglesia tendrá que combinar la defensa de sus convicciones con una presencia más cercana junto a enfermos, ancianos, familias y profesionales sanitarios. «Orar», «esperar» y «actuar» son, para Ulrich, las claves de esta nueva etapa.