Tribunas
31/08/2026
Las catequesis del Papa sobre la “Sacrosanctum Concilium”
José Francisco Serrano Oceja
El Papa León XIV durante la audiencia del miércoles.
Foto: Vatican media

Durante este verano me he planteado hacer una lectura, digamos, sinóptica de las catequesis del Papa León de los miércoles sobre los documentos del Concilio y los textos del Concilio a los que se refieren esas catequesis.
Y como la actualidad manda, he comenzado por la “Sacrosanctum Concilium”, es decir, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia de la Iglesia.
Además, como estoy en una época de relectura de todo lo que pueda de J. Ratzinger-Benedicto XVI, después de “Introducción al cristianismo” y la “Escatología”, me voy a meter con el espíritu de la liturgia, una introducción. Un libro que, por cierto, ya leí en su momento. Lo que, tengo que confesar, no ha ocurrido con los anteriormente citados.
Da la impresión de que vivimos en un momento en el que se ha intensificado “el follón litúrgico”, por no decir el “lío litúrgico”, por no escribir “la guerra litúrgica”.
Para analizar las causas, no quisiera remontarme al postconcilio y a lo que supuso la reforma litúrgica. Tampoco quiero entrar ahora en la cuestión de la forma extraordinaria del rito romano, como reacción.
En términos de antecedente próximo, quizá veníamos de una época, el pontificado de Ratzinger, de una especial obsesión por la liturgia rubricista o de una explosión de estética material para la liturgia, recuperación de ornamentos, etc. No lo sé.
De ahí pasamos al pontificado del Papa Francisco y al relax en la forma de celebrar. Pese a que el Papa Francisco firmó un recordado documento sobre la formación litúrgica, “Desiderio desideravi”. Por curiosidad he recuperado esa Carta Apostólica para ver cuántas citas contenía de la “Sacrosanctum Concilium”. Ustedes mismos.
Que conste que no voy a hacer ningún juego sobre la famosa tradicional aseveración de la relación entre los jesuitas y las rúbricas.
Vayamos a las actuales catequesis del Papa. A las dos primeras.
La liturgia, como expresión, como acción sacra, es siempre signo de identidad.
Ya en la del pasado 20 de mayo, al principio de su intervención, León XIV señaló que “la liturgia, en efecto, toca el corazón mismo de este misterio: es a la vez el espacio, el tiempo y el contexto en el que la Iglesia recibe de Cristo su propia vida”.
Una frase que me ha impresionado y que me ha hecho preguntar desde entonces, cuando asisto a una celebración eucarística, cómo estamos recibiendo, en el aquí y el ahora, en este espacio, en este tiempo y en este contexto, el misterio de la vida de Cristo.
Segunda afirmación que destaco: “La ritualidad de la Iglesia expresa su fe —según el célebre dicho lex orandi, lex credendi— y, al mismo tiempo, plasma la identidad eclesial: la Palabra proclamada, la celebración del Sacramento, los gestos, los silencios, el espacio, todo ello representa y da forma al pueblo convocado por el Padre, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo”.
A la que añadiría la siguiente, de la catequesis del 27 de mayo: “El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla”.
Concluye el Papa: “Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial”.
José Francisco Serrano Oceja