Conferencia Episcopal

 

Argüello une vivienda, inmigración y aborto bajo una misma idea: “Tres tipos de desahucios”

 

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha compartido en sus redes sociales una extensa reflexión en la que coloca bajo una misma imagen tres cuestiones de plena actualidad: la crisis de la vivienda, la situación de Ceuta y el aborto. El arzobispo de Valladolid habla de tres tipos de “desahucios” y termina su análisis alertando de un cuarto: “la razón y la voluntad de acuerdo por la defensa de la dignidad humana y el bien común”.

 

 

 

28/09/26 | Javier Arias


 

 

 

  1. La crisis de la vivienda
  2. La situación de Ceuta
  3. El aborto y la defensa de la vida
  4. Una argumentación ética diferente según el caso
  5. El cuarto desahucio: la razón y el acuerdo

 

 

 


Mons. Luis Argüello en la sesión inaugural
de la 129ª Asamblea Plenaria de la CEE.

 

 

 

Argüello plantea su reflexión como una llamada a abordar estos tres problemas desde el diálogo y la búsqueda de acuerdos. “Los tres asuntos reclaman diálogo sereno y grandes acuerdos”, afirma al final de su escrito, en el que contrapone diferentes formas de entender los derechos, la legalidad y la dignidad de las personas afectadas.

 

La crisis de la vivienda

El primer “desahucio” al que se refiere Argüello es el relacionado con la vivienda. El presidente de la CEE considera que existe un cierto acuerdo social sobre el reconocimiento del “grave problema” que atraviesa España, aunque apunta que ese consenso no se extiende a sus causas ni a las soluciones.

Entre los elementos que configuran esta situación menciona la “escasez de viviendas, viviendas cerradas sin uso por falta de confianza, casas vacías en la España rural, precios y rentas muy altas, alquileres por habitación sin ‘derecho a cocina’, pues hasta la cocina se transforma en habitación, millones de pisos de uso unipersonal, etc.”.

Argüello considera que existe “cierto acuerdo, emocional más que moral” sobre la gravedad del problema. En este contexto menciona el “caso Máricarmen”, que, según señala, se ha convertido “en bandera”, mientras persisten el “desacuerdo legal, manipulación ideológica y conflicto político y social sobre las causas y las posibles soluciones a este grave problema”.

Para el arzobispo de Valladolid, la vivienda debería incorporarse al debate sobre un nuevo marco de convivencia social. En concreto, recuerda el “nuevo Contrato social” al que se refirieron trabajadores y empresarios durante su encuentro con el papa León XIV.

 

La situación de Ceuta

El segundo de los “desahucios” se sitúa en Ceuta. En este caso, Argüello distingue entre la experiencia de los habitantes de la ciudad autónoma y la de los inmigrantes que llegan a ella.

“Los ceutíes viven el desahucio de sus calles, plazas y de su normalidad”, sostiene. Al mismo tiempo, señala que “los inmigrantes, algunos desahuciados de sus países de origen, otros desplazados por intereses geopolíticos, son deslocalizados continuamente y se resisten a un desahucio definitivo”.

El presidente de la CEE reconoce también la percepción existente entre parte de la población ceutí respecto a quienes han entrado en la ciudad. “Los ceutíes, como gran número de españoles, desean un desahucio rápido y total de los que han entrado en la ciudad como ‘okupas’”, escribe.

Sin embargo, Argüello sitúa entre ambas realidades una “crisis humanitaria -física, psicológica y moral- que afecta a todos, inmigrantes y ceutíes”. Considera además que las consecuencias de lo ocurrido en Ceuta están trascendiendo la propia ciudad autónoma.

Ante esta situación, el arzobispo considera “imprescindible un acuerdo nacional para ayudar a los ceutíes y solucionar la crisis humanitaria”. Pero reclama también una respuesta de ámbito europeo y de Estado que vaya a las causas del fenómeno migratorio.

En concreto, plantea “un pacto de Estado y europeo que aborde las causas de las migraciones en los países de origen, combata las mafias” y que también haga frente a “los Estados que utilizan los éxodos de personas para provocar invasiones por intereses geopolíticos con comportamientos mafiosos”.

A estas medidas añade la necesidad de “regular los flujos migratorios” y de acoger a quienes llegan “respetando su dignidad, que no se pierda al atravesar la frontera, aunque luego hubieren de ser retornados a sus países de origen”.

Argüello introduce además una reflexión sobre el futuro demográfico de Europa y su relación con la inmigración. “Si la actual situación de natalidad continúa, en pocos años Europa competirá por el inmigrante escaso”, afirma.

 

 

 

 

 

 

El aborto y la defensa de la vida

El tercer “desahucio” que identifica Argüello es el del “vientre materno provocado mediante el aborto”. El presidente de la CEE lo define como un “desahucio” de “consecuencias irreversibles”.

En este apartado critica la forma en la que, a su juicio, se presenta actualmente el aborto desde las instituciones. Habla de una “campaña moralista del Gobierno” que lo presenta “como un acto bueno, porque es legal –‘tienes derecho’– y autónomo –‘decidas lo que decidas, estará bien’–”.

Frente a este planteamiento, Argüello sostiene que “la ciencia demuestra que en el seno de una mujer empieza a haber un ser humano, un hijo, desde el día de la concepción, sobre el que no puede decidir sin plantearse la moralidad de esa decisión”.

Reclama que las mujeres que afrontan un embarazo reciban apoyo social. “Necesitará cualquier tipo de ayuda, social, laboral, de vivienda y apoyo pleno”, escribe.

Reconoce que “habrá casos de un gran conflicto ético”, pero sostiene que “nunca podrá justificarse la solución en un derecho legal que niega al hijo la vida en cuya dignidad se fundamentan todos los derechos”.

En este punto, Argüello recurre al discurso pronunciado por León XIV en las Cortes Generales. Recuerda las palabras del Papa: “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización”.

El presidente de la CEE reproduce también otra parte de aquella intervención: “La grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.

 

Una argumentación ética diferente según el caso

En la parte final de su reflexión, Argüello establece una conexión entre los tres asuntos y cuestiona la diferente manera en que, según su análisis, se aplican determinados criterios éticos cuando están en juego los derechos de unas personas u otras. “Ante estos tres tipos de desahucios la argumentación ética varía de forma interesada”, afirma.

A continuación contrapone “la defensa a ultranza del derecho a decidir del propietario o de la embarazada, si la decisión es legal, sin tener en cuenta a quien sufre las consecuencias” con “el rechazo de la libre decisión aunque sea legal y confirmada por un juez, pues afecta a personas que deben de ser tenidas en cuenta por encima de la decisión del propietario”.

El presidente del episcopado vuelve en este punto a la situación de Ceuta. Según su reflexión, algunas propuestas destinadas a conseguir un desalojo inmediato de quienes han entrado en la ciudad “animan a prescindir de la legalidad y quieren cerrar los ojos ante aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.

Pero, al mismo tiempo, considera que otras posiciones “se niegan a ver que muchos ceutíes también son víctimas de la crisis humanitaria desencadenada por el éxodo-invasión-ocupación”.

 

El cuarto desahucio: la razón y el acuerdo

Argüello concluye su reflexión volviendo a la necesidad de alcanzar acuerdos sobre los tres problemas que ha planteado. “Los tres asuntos reclaman diálogo sereno y grandes acuerdos”, sostiene.

Es entonces cuando introduce el que considera un cuarto “desahucio”, que ya no afecta directamente a la vivienda, a la inmigración o al aborto, sino a la propia capacidad de la sociedad para afrontar sus conflictos.

“La razón y la voluntad de acuerdo por la defensa de la dignidad humana y el bien común parecen haber sido expulsados de nuestra casa común”, concluye el presidente de la Conferencia Episcopal.