Opinión
06/11/2026
Por la boca… De pasar página, nada de nada
Félix Gallardo
Óscar Puente comparece tras el accidente de Urda
(Firma: Eduardo Parra / Europa Press).

Ni página pasada, ni cuenta nueva tras el borrón, ni pase de pantalla, por la sencilla razón de que, tras la dimisión del pobre Puente, la página siguiente, está llena de begoñas, fiscales, hermanos, leires, ábalos, cloacas, dimisiones en cadena, corrupciones, mordidas, nombramientos chungos y, lo más triste de todo, llena de cadáveres.
Con esto de la dimisión del pobre Puente, los politólogos, que proliferan como setas, dicen eso de que el Partido Socialista y Sánchez, pasan página. Incluso los más más modernos y los más cursis, dicen eso de pasar a otra pantalla. Los más antiguos también dicen lo de borrón y cuenta nueva.
Pues ni nueva página que pasar, ni pantalla que cambiar y, además, los borrones de Sánchez son tantos, que lo de la novedad en las cuentas no se ve por ningún lado.
Sánchez está en ello y, cuando anuncia el relevo del pobre Puente por Cuerpo, dice que con la dimisión del pobre Puente los españoles han recuperado la confianza en el sistema ferroviario y en la seguridad de los trenes. Y que el pobre Puente ha devuelto la dignidad a los españoles. Vaya panorama si, su dignidad, es como la del pobre Puente.
Si lo de la confianza fuera tan fácil, entre otras cosas, querría decir que el pobre Puente, era aún mayor desastre de lo que se supone y que, simplemente, con su ausencia se arreglaban los males del tren.
Ni página pasada, ni cuenta nueva tras el borrón, ni cambio de pantalla, por la sencilla razón de que, tras la dimisión del pobre Puente, la página siguiente, no está en blanco y está repleta de begoñas, fiscales, hermanos, leires, ábalos, cloacas, dimisiones en cadena, corrupciones, mordidas, nombramientos chungos y, lo más triste de todo, llena de cadáveres.
Y no hay cuenta nueva que valga, ni Sánchez puede presentarse en los mítines con todos los borrones que lleva encima y seguir bailando, mientras Montero (la ex de Despeñaperros para abajo y de Despeñaperros para arriba) sigue haciendo malas imitaciones de sí misma y aplaudiendo como la foca tonta del circo.
El pobre Puente ha dimitido dice (en su ignorancia de lo que es la dignidad) que por dignidad; pero igual y con la misma ignorancia de lo que es dignidad, podrían dimitir, encabezados por el propio Sánchez, los marlaskas, los lópeces, los bolaños y hasta las robles, igual que, con la misma falta de dignidad, dimitieron los pérezes en Ceuta o los marines en Madrid o las minguezas en lo de la portavocía.
En plural porque son muchos.
También dicen los politólogos que ahora, Sánchez tiene que diseñar una nueva estrategia de campaña; pero ni será nueva ni será estrategia, porque seguirá con las mentiras de lo que ha hecho, las falacias de lo que le queda por hacer y los incumplimientos de lo que dice que hará. Nada nuevo.
Como no serán nuevos los votantes que le vayan quedando que no son pocos, a pesar de los desmanes, de los incumplimientos, de las mentiras y de las falacias. Porque eso es Sánchez y eso es lo que siempre hace Sánchez y, a estas alturas, no va a cambiar, igual que a estas alturas, ni siquiera tiene a quien poner en Transportes y echa mano del que heredó de Calviño y se sienta el primero a su derecha, en la mesa ovalada de los martes en La Moncloa y que pasa por serio, por ecuánime y por moderado, dedicado a la cosa económica para que arregle lo que Sánchez ha prometido arreglar tras la dimisión del pobre Puente.
Porque ahora la pregunta es: ¿en qué cambia, la dimisión del pobre Puente, a Sánchez y a las mentiras de Sánchez y a los desmanes de Sánchez y a las trampas de Sánchez y a las corrupciones que rodean a Sánchez y a la ineficacia y la inutilidad de Sánchez?
La carcajada… Rufián, el defensor de los trabajadores, el Demóstenes de la comarca catalana del Barcelonés, el Castelar de Santa Coloma de Gramanet, afirma en sede parlamentaria (que dicen los cursis) que Puente ha sido un magnífico ministro de Transportes. Y, ya en plan de fino estilista de la oratoria, afirma que “un currela de Barcelona, va cada día a una mierda de trabajo, en una mierda de tren”.