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Joseph Ratzinger solo fue un niño alemán, uno de tantos reclutados por un régimen militarista y totalitario para defender su país

 

 

 

16 enero, 2023 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

Apenas elegido Joseph Ratzinger como Pontífice, los bulos, mitos y leyendas negras contra Benedicto XVI se dispararon por Internet. Una de la acusación más común: Fue nazi.

Es la acusación más fácil de hacer y más llamativa. No es ningún secreto lo que sucedió porque el mismo lo cuenta en sus memorias y también conocemos los testimonios de su hermano Georg. Siendo niños, la familia Ratzinger se mudó varias veces escapando de las presiones de los nazis.

En 1939 Joseph Ratzinger entró en el seminario menor, con 12 años. Fue obligatoriamente apuntado a las Juventudes Hitlerianas, aunque su profesor de matemáticas, el militante nazi al cargo, hacía la vista gorda y le permitía no acudir a los actos de formación hitleriana. En 1943, en plena II Guerra Mundial, con 16 años, fue llamado a filas con todos los compañeros del seminario para servir en la defensa antiaérea.

Al año siguiente, se le recluta para tareas de defensa antitanque en la Legión Austriaca (que él definió como «ideólogos fanáticos que nos tiranizaban sin descanso»). En primavera de 1945, acercándose los aliados, deserta del ejército. En su pueblo de Traunstein los norteamericanos lo detienen: lo encierran como prisionero de guerra, para ser liberado en junio.

Él nunca creyó la propaganda nazi, ni militó en el partido, ni compartió la ideología; más aún, toda la experiencia le sirvió para desconfiar de las ideologías totalitarias y deshumanizadoras, así como de la guerra. Solo fue un niño alemán, uno de tantos reclutados por un régimen militarista y totalitario para defender su país.