Colaboraciones

 

El único programa que tenía Benedicto XVI: hacer la voluntad de Dios

 

 

 

17 enero, 2023 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

En los inicios del siglo XXI, Benedicto XVI había puesto al día las críticas contra el modernismo según el cual la Iglesia mana a través de la inmanencia vital. Benedicto XVI no estaba en Babia, no hablaba de la alianza de civilizaciones, ni de la paz perpetua.

El único programa que tenía el Santo Padre era hacer la voluntad de Dios.

Pedro era el único apóstol a quien Jesús le encarga pastorear a sus corderos y ovejas.

Dice Benedicto XVI: «Solo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos, garantizar así la comunión con Cristo. Jesús le asigna un nuevo nombre, Cefas (que quiere decir, Pedro). Custodio de la comunión con Cristo; tiene que guiar en la comunión con Cristo de modo que la red no se rompa, sino que sostenga la gran comunión universal.

»La Iglesia es siempre de Cristo y no de Pedro. La responsabilidad de Pedro consiste en ser Primado de jurisdicción, y esta posición preeminente que Jesús quiso entregar a Pedro «se constata también después de la resurrección», en el nacimiento de la primera comunidad cristiana. «En el Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva, y precisamente por el hecho de ser el testigo de la fe auténtica, el mismo Pablo reconocerá en él un papel de “primero”». «Además, el hecho de que varios de los textos claves referidos a Pedro puedan ser enmarcados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia, que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía, tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos». Este contexto del Primado de Pedro en la Última Cena, explica la esencia del primado: Cristo en los Evangelios confió a Pedro un papel preeminente entre los apóstoles que consiste en garantizar la unidad en la Iglesia. Recemos para que el primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, sea siempre ejercido en este sentido original deseado por el Señor y para que lo puedan reconocer cada vez más en su significado verdadero los hermanos que todavía no están en la Iglesia».

Benedicto XVI era una persona perfectamente capaz de afrontar los grandes retos de la actualidad. Estaba muy preparado en varios frentes.

Benedicto XVI tenía una privilegiada visión de conjunto de todos los problemas actuales de la fe, sobre todo la centralidad de Jesucristo y la importancia de la liturgia y la moral y la importancia de la mujer en la Iglesia, el sacerdocio como servicio, y el ecumenismo como tarea prioritaria y la primacía del logos sobre el ethos, que es lo decisivo del credo en la vida de los cristianos. Ahí está el Catecismo del Vaticano II que él mismo se encargó de impulsar y coordinar. Lo que es evidente es que, como protagonista del Concilio, sabía adónde había de ir la Iglesia: solo hace falta seguir escuchando la voz de Dios en este continuo Pentecostés.