Colaboraciones

 

El amor de los Papas, de la Iglesia, por los trabajadores

 

 

 

23 enero, 2023 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

Papa Francisco a los trabajadores

En la Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre pidió por todos los trabajadores para que sean justamente remunerados, para que puedan tener un trabajo digno y gozar de la belleza del descanso. En su homilía, el Pontífice recordó que el hombre con su trabajo continúa la obra creadora de Dios, y subrayó que también hoy, la dignidad de muchas personas es pisoteada e invitó a luchar por la justicia en el mundo del trabajo.

Francisco, cuando se encontró con la Confederación Italiana del Sindicato de los Trabajadores (CISL), el 28 de junio del 2017, recordó que «el trabajo es la forma más común de cooperación que la humanidad haya producido en su historia». Recuperando el valor de la organización de trabajadores, les dijo que el sindicato es «una expresión del perfil profético de una sociedad. El sindicato nace y renace cada vez que, como los profetas bíblicos, da voz a los que no la tienen, denuncia al pobre “vendido por un par de sandalias” (Amós 2, 6), descubre a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más vulnerables, defiende la causa del extranjero, de los últimos, de los “descartados”. Pero en nuestras sociedades capitalistas avanzadas, afirmó, el sindicato corre el peligro de perder esta naturaleza profética y de volverse demasiado parecido a las instituciones y a los poderes que, en cambio, debería criticar. El sindicato, con el pasar del tiempo, ha acabado por parecerse demasiado a la política o, mejor dicho, a los partidos políticos, a su lenguaje, a su estilo», dijo. Les recordó que deben velar por los derechos de los trabajadores, siendo «centinelas, que protegen a los que están dentro de “las murallas de la ciudad del trabajo”, proteger los derechos de las personas que trabajan o que ya están retiradas». Pero también proteger los derechos de quien todavía no los tiene, los excluidos del trabajo que también están excluidos de los derechos y de la democracia.

 

San Juan XXIII y su encíclica Pacem in terris

Sobre el trabajo digno, Juan XXIII en su encíclica, Pacem in terris, pide que se le dé al hombre la «posibilidad de trabajar y  que se le dé la libre iniciativa en el desempeño del trabajo». Juan XXIII los considera derechos económicos, que como se lee en la encíclica, van unidos a condiciones de trabajo que no «debiliten las energías del cuerpo, ni comprometan la integridad moral, ni dañen el normal desarrollo de la juventud. Por lo que se refiere a la mujer, se lee, hay que darle la posibilidad de trabajar en condiciones adecuadas a las exigencias y los deberes de esposa y de madre». En esa encíclica el Papa habla también del salario digno, conforme «a las normas de la justicia, y que, por lo mismo, según las posibilidades de la empresa, le permita, tanto a él como a su familia, mantener un género de vida adecuado a la dignidad del hombre».

 

San Pablo VI y la clase obrera

Pablo VI, dedicó parte de su ministerio al encuentro de la Iglesia con los hombres y mujeres en las distintas realidades laborales.

Juan XXIII abrió los trabajos del Concilio Vaticano II. Pablo VI, recordando a su predecesor, dijo a los trabajadores, en la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, que Juan XXIII mostró claramente en su persona todo el amor de la Iglesia por los trabajadores, así como por la verdad, la justicia, la libertad, la caridad, sobre las que se funda la paz en el mundo. De este amor de la Iglesia, hacia los trabajadores, Pablo VI les confirmó que la Iglesia es su amiga: «La Iglesia es amiga vuestra. Tened confianza en ella. Tristes equívocos en el pasado mantuvieron durante largo tiempo la desconfianza y la incomprensión entre nosotros; Iglesia y la clase obrera han sufrido una y otra con ella. Hoy ha sonado la hora de la reconciliación, y la Iglesia del Concilio os invita a celebrarla sin reservas mentales».

En 1969, en su viaje apostólico a Ginebra, ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en su 50 aniversario de fundación, el 10 de junio, el Papa Pablo VI, recordó el difícil camino que hasta entonces se había recorrido en el mundo laboral, marcado por diferentes plagas, entre ellos la esclavitud. Hablando sobre los objetivos de la OIT, el Papa recordó que, «en el trabajo, el hombre es lo primero. Ya sea artista o artesano, empresario, obrero o campesino, manual o intelectual, es el hombre quien trabaja, y es para el hombre para quien él trabaja. Se ha acabado, pues, la primacía del trabajo sobre el trabajador y la prioridad de las exigencias técnicas y económicas sobre las necesidades humanas. Nunca jamás el trabajo por encima del trabajador; nunca jamás el trabajo contra el trabajador, sino siempre el trabajo para el trabajador, el trabajo al servicio del hombre, de todos los hombres y de todo el hombre».

 

San Juan Pablo II en el Jubileo de los trabajadores

Sobre la dignidad laboral, sobre la justicia social, San Juan Pablo II en el jubileo de los trabajadores, en el 2000, era el 1 de mayo, recuerda que  «la fiesta del trabajo trae a la memoria la laboriosidad de los hombres que, cumpliendo el mandato del Señor de la vida, quieren ser constructores de un futuro de esperanza, justicia y solidaridad para la humanidad entera....  sin embargo, dijo, perduran, y a veces se agravan en algunas partes de la tierra, fenómenos como el desempleo, la explotación de menores y la insuficiencia de los salarios. Es necesario reconocer que la organización del trabajo no siempre respeta la dignidad de la persona humana, y que no se tiene debidamente en cuenta el destino universal de los recursos». El Papa invitó a todas las partes implicadas, trabajadores y empleadores, a «¡colaborar para que el sistema económico, en el que vivimos, no altere el orden fundamental de la prioridad del trabajo sobre el capital, del bien común sobre el privado! Es muy necesario constituir en el mundo una coalición en favor del “trabajo digno”. Es preciso, dijo, globalizar la solidaridad».

Juan Pablo II pedía que el trabajo se organice y desarrolle en el «pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común». La actividad laboral debe contribuir al verdadero bien de la humanidad, permitiendo «al hombre individual y socialmente cultivar y realizar plenamente su vocación» (Gaudium et spes, 35). Para que esto suceda, dijo el Papa en el jubileo de los trabajadores, no basta la preparación técnica y profesional, ni siquiera es suficiente la creación de un orden social justo y atento al bien de todos. Es preciso vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a través de su trabajo, imitando a san José, que cada día debió proveer con sus manos a las necesidades de la Sagrada Familia, y por eso la Iglesia lo propone como patrono de los trabajadores. Su testimonio muestra que el hombre es sujeto y protagonista del trabajo.

 

Benedicto XVI, la importancia del trabajo y la solidaridad

Benedicto XVI en la Misa para los trabajadores en la Fiesta de San José, el 19 de marzo del 2006, recordó que el trabajo reviste una importancia primaria para la realización del hombre y el desarrollo de la sociedad, y por eso es preciso que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común. La actividad laboral debe contribuir al verdadero bien de la humanidad, permitiendo «al hombre individual y socialmente cultivar y realizar plenamente su vocación» (Gaudium et spes, 35). Para que esto suceda no basta la preparación técnica y profesional, ni siquiera es suficiente la creación de un orden social justo y atento al bien de todos. Es preciso vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a través de su trabajo, imitando a san José, que cada día debió proveer con sus manos a las necesidades de la Sagrada Familia, y por eso la Iglesia lo propone como patrono de los trabajadores. Su testimonio muestra que el hombre es sujeto y protagonista del trabajo.

Y también cuando Benedicto XVI se dirigió a los socios de la Unión Cristiana de Empresarios Dirigentes, el 4 de marzo del 2006, les recordó, retomando una reflexión de su encíclica Deus Caritas Est, les habló sobre la relación entre justicia y caridad. El cristiano, les dijo, está llamado a buscar siempre la justicia, pero lleva en sí el impulso del amor, que va más allá de la misma justicia. El camino realizado por los laicos cristianos, desde mediados del siglo XIX hasta hoy, los ha llevado a tomar conciencia de que las obras de caridad no deben sustituir el compromiso en favor de la justicia social.