La tragedia ferroviaria y exigir las pertinentes responsabilidades

 

 

Miguel del Río | 03.02.2026


 

 

 

 

Adamuz se suma a la lista de tragedias que vivimos en los últimos años, y que, al tiempo, ponen en entredicho la preparación, como país, que tenemos para afrontarlas. El choque de dos trenes de alta velocidad ha dejado 46 víctimas. Sus familias merecen una investigación exhaustiva, ¿por qué ocurrió?, y depurar las responsabilidades que sean necesarias. El grave accidente genera mucha inquietud entre los usuarios, por las dudas acerca de un adecuado mantenimiento de las vías de la red ferroviaria. Todo indica que no se está invirtiendo lo necesario. Empiezo esta historia hablando de Francia. Lo que allí se hace en esta materia, y aquí no.

 

El 14 de noviembre de 2015, y en Estrasburgo, se produjo en Francia el último accidente grave en su alta velocidad ferroviaria (TGV- Train á Grande Vitesse). Arrojó el trágico balance de 10 muertos y 11 heridos de gravedad.  En el país vecino es la compañía nacional SNCF (Societé Nationale des Chemins de Fer) la encargada de todo lo relacionado con estos trenes y las vías por las que circulan. Al frente de la misma está Jean Castex, tras su experiencia previa dirigiendo la red de transportes parisina y habiendo sido primer ministro. Pero contemos algún detalle más de este cargo de tanta responsabilidad, principalmente por la seguridad de los viajeros. Castex ha pasado por el Tribunal de Cuentas, la secretaria general del Palacio del Elíseo, a alto funcionario implicado en la organización de los Juegos Olímpicos de París 2024. Como responsable de la alta velocidad gala, está inmerso en prioridades tales como el rendimiento operativo, la regeneración de la red ferroviaria y su adaptación al clima. En España no seguimos este camino.

Cuento algo más de SNCF. Su CEO es Christophe Fanichet. Les presento el currículum. Licenciado por la escuela de ingeniería ESIEA de París y por la London Business School. Ocupó diversos cargos en el sector público (Defensa y Hacienda), y también en la empresa privada (PwC). En conocimientos de infraestructuras ferroviarias desempeñó sucesivamente los puestos de director de estrategia, director de Trenes Intercités, jefe de gabinete del presidente, director de comunicación y de la filial 574 Invest, encargada de las inversiones en start-ups de movilidad. Fue reelegido en 2024, por otros cuatro años. En España no seguimos este camino.

Y es que aquí no escatimamos en empresas estatales de trenes, dependientes del Ministerio de Transportes. Están Renfe Operadora, Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), Adif Alta Velocidad, FEVE (Ferrocarriles de Vía Estrecha), la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF), la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, y la SEITT, que es la Sociedad Estatal de Infraestructuras del Transporte Terrestre. Solo Renfe y Adif cuentan con una plantilla conjunta de aproximadamente 30.000 empleados directos. Aparte, hay que citar un número indeterminado, pero muy elevado, de cargos de elección política, cuya competencia y preparación está ahora en entredicho, especialmente tras el grave accidente de Adamuz, en Córdoba, donde han perdido la vida 46 personas.

Sin intención de mezclar sucesos, Adamuz se suma a la creciente desconfianza ciudadana hacia la gestión gubernamental, por la forma ineficaz que presentamos a la hora de abordar las grandes desgracias acaecidas en los últimos años. Conviene recordarlas: el volcán de La Palma de 2021, la DANA de Valencia de 2024, la oleada de incendios forestales en agosto de 2025 y, ahora, la grave crisis en la alta velocidad ferroviaria, que aconseja revisarlo todo, y hacer las mejoras que se necesitan, rápidamente, por eso de que es mejor prevenir.

En el caso del accidente de trenes tan veloces, al igual que los anteriormente citados sucesos, la respuesta oficial es que se ha actuado bien, con rapidez y medios, aunque no se ajusta a lo sucedido realmente. Basta refrescar la memoria de quienes escriben estos relatos manipulados, en el hecho de que los pasajeros del Alvia siniestrado tardaron más de una hora en ser auxiliados, porque las emergencias desplazadas desconocían la existencia de este segundo tren completamente destrozado. Las imágenes del sinestro son terribles.

Por respeto a las víctimas y a sus familias, lo ocurrido y el actuar en el accidente de estos dos trenes en Adamuz, ha de esclarecerse pronto, y depurar responsabilidades en todas las estructuras del Gobierno o del Estado que sean necesarias. La desinformación imperante tiene tendencia a tapar o excusar los hechos, perdonar la gravedad de los mismos, y echar la culpa al empedrado. Cuando no se investigan como es debido estas tragedias, y nadie paga por ellas, en las alturas se puede pensar que la vida continua, como si nada, a diario. No es así. En la calle cunde la sensación de que el país no va bien en una serie de materias, entre las que cabe destacar el buen mantenimiento de nuestras infraestructuras, se trate de carreteras, red ferroviaria, aeropuertos o energías, para que no se repita un apagón general no explicado.

Hay otro tema no menos importante que nos ha de llevar a reclamar cambios. Es el asunto de que gente sin la debida preparación no puede ocupar puestos de altísima responsabilidad relativos a emergencias, ayuda sanitaria urgente, energía y, en fin, todo lo relativo a lo que dentro de una nación se denominan servicios, suministros y comunicaciones estratégicas. Aunque algunos no lo quieran reconocer por interés propio, la desidia ha permitido que hoy no seamos el país tan moderno que un día fue capaz de contar con un tren AVE circulando a 300 Km/h. Hay que revisar todas las vías existentes, por si hay más raíles rotos o malas soldaduras. Esta es la triste realidad de la España actual. En Francia, es otra.

 

 

Miguel del Río