Trump lo mismo exige el Nobel que altera el Mundial de Fútbol

 

 

Miguel del Río | 13.07.2026


 

 

 

 

El presidente norteamericano es sin duda el político más poderoso del mundo. Pero la independencia del resto de países, organismos, sus leyes, reglas y normas, deben quedar al margen de los deseos caprichosos que muestra insistentemente Trump. Ahora ha tocado al fútbol, saliéndose con la suya, de perdonar la tarjeta roja a un jugador estadounidense, y así poder disputar el siguiente partido. La copa del mundo no será para el país organizador. Aunque se ha sentado un precedente que debe llevar a dimisiones y ceses en los organismos futbolísticos, que han dado tan pésimo ejemplo de sometimiento al poder político.

 

El muy osado 47º presidente de los Estados Unidos desconoce por completo el legado de Diego Armando Maradona cuando dijo aquello de “Yo me equivoqué y pagué, pero el balón no se mancha”. La intervención directa de Donald Trump ante Giovanni Infantino, presidente de la FIFA, que está tardando en dimitir, para perdonar la sanción a un jugador norteamericano, ensucia el desarrollo de este Mundial, y demuestra hasta donde es capaz de llegar el poder político, como se concibe de retorcido ahora, para pervertir decisiones justas tomadas en un terreno de juego, que debe ser independiente de presidentes, ministros y asesores políticos. Utilizo a propósito el verbo pervertir por su especial significado: Alterar el estado, el orden o el propósito original de algo o alguien, para convertirlo en malo, corrupto o contrario a su naturaleza moral.

Los organismos internacionales del fútbol quedan muy tocados tras semejante injerencia, tan destructiva hacia la confianza, de la política en el deporte. Solo hay que presentar la protesta al respecto de la UEFA: “Se ha cruzado una línea roja, porque cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por quienes las custodian, la integridad del juego se ve comprometida y la credibilidad de la competición socavada”. Lo compro.

A Trump le da igual pisotear todo. Lo grave de su nueva acción es que vuelve a poner de manifiesto la necesidad democrática de decirle basta. En vez de perdonar las consecuencias de la tarjeta roja al jugador Folarin Balogun, la FIFA de Infantino debería analizar y sancionar lo dicho posteriormente por el máximo dirigente de uno de los países organizadores de este Mundial.  “Hablé con Gianni. Eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción. Eran dos grandes atletas corriendo a toda velocidad que casualmente chocaron entre sí. No puedes colocar adecuadamente tu pie sobre el pie de otra persona cuando vas a toda velocidad. Y este árbitro… era un poco sospechoso, si revisas su pasado. No quiero decir eso porque no me gusta crear controversia, pero muy sospechoso”. Así habla y actúa el hombre más poderoso del planeta, con el beneplácito del resto de naciones y de sus dirigentes. No tienen nunca nada que decir al respecto de las guerras, amenazas, decisiones y sus llamadas telefónicas intimidatorias, a unos y a otros.

En su segundo mandato iniciado en 2025 iba a arreglar todo y parar las guerras. Lo de Ucrania ha ido a peor, sin visos de finalización. Lo de Gaza no es plan eficaz al conflicto. Irán es un polvorín permanente y el estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del petróleo mundial, un punto de inseguridad permanente para la economía en general. Por todo esto, exige el Premio Nobel de la Paz. Por si fuera poco, los ciudadanos vamos a seguir sufriendo el incremento en los precios de la alimentación y las energías, en especial la gasolina.

Y es que el malicioso efecto Trump se nota en casi todo. Ha llegado incluso al fútbol, a través de un Mundial que Estados Unidos nunca debió organizar, si como fruto de esa candidatura de país se pretende ganar el torneo en los despachos en vez del terreno de juego. De poco han servido las artimañas, ya que Bélgica apeó contundentemente al equipo norteamericano de la posibilidad de seguir avanzando hasta llegar a una hipotética y gloriosa final.

Los cambios profundos en tantos y tantos aspectos son perceptibles dentro de una nueva sociedad que deja mucho que desear en cuanto a educación, formas, reglas, ética, moral, honestidad, tolerancia, respeto y solidaridad. Sin normas, estamos perdidos. El reglamento del Mundial impide apelar una decisión tomada por el árbitro durante el partido. La FIFA, rizando el rizo para contentar a Trump, recurre al artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite dejar una sanción en suspenso, aunque la tarjeta se mantenga. Sin palabras. Te dejan sin palabras, mientras siguen tan ricamente en sus puestos, mandando en un país, el órgano rector del fútbol mundial o un mismo ministerio de lo que sea.

Donal Trump está encantado de haberse conocido, pero junto a Infantino ha cometido el mayor error en su trayectoria. He empezado citando a Maradona, acerca de que el balón no se ensucia. Pero el presidente de la primera potencia mundial, junto al resto de gobernantes que le jalean y consienten, deben pensar en lo que es mejor para la ciudadanía, y no solo en sus propios intereses. Para ello, les serviría hacer la misma reflexión de tan gran futbolista como fue Alfredo Di Stéfano. Nos legó aquello de que “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”. Sin esperar nada de los gobernantes actuales, deberían de tomar buena nota de esto, y del hartazgo y desesperanza en que nos tienen sumidos.

 

 

Miguel del Río