Hacia una mentalidad social que no tire ni despilfarre el agua

 

 

Miguel del Río | 24.08.2026


 

 

 

 

Hay Día Mundial del Agua. Se celebra cada 22 de marzo. Con tantos días para conmemorar de todo, este del agua resulta crucial, al paso que van temperaturas y sequías. Independientemente de quienes creen o no en el cambio climático, hay una cuestión que conviene a ambos bandos: cuidar más y mejor un recurso tan esencial para a vida como es el agua. De ahí que, si al hablar de nuevas tecnologías nos dan tanto la vara para que nos adaptemos, mucho más trascendental es no desperdiciar agua, y dirigirnos hacia una nueva concienciación que poner en práctica los 365 días del año.

 

Al apreciar en nuestros entornos más cercanos la pérdida de buenas costumbres en cuanto a limpieza, empezando porque se vuelve a tirar de todo al suelo, es lógico converger en que tampoco tenemos cuidado con el agua, ahora más que nunca, ante los tiempos de temperaturas extremas y sequías que padecemos en buena parte de Europa.

Ya no llueve como antes. Es un hecho. Pero no lo queremos ver como otras tantas cuestiones hacia las que mostramos indiferencia, y de ahí los comportamientos de inacción que presentan los Gobiernos hacia diversas cuestiones que debieran ocupar un interés social prioritario. Aunque no siempre los Gobiernos han de tener la culpa de todo lo malo que acontece. En el caso del agua, si hay mucha o poca, es algo que se lo dejamos totalmente a la gestión de quienes nos representan públicamente. Tenemos la firme convicción de que nos la tienen que suministrar incluso en caso de prolongada sequía.

La inercia en el tiempo con el uso del agua y no concienciar sobre no tirarla, se ha juntado con la actual situación de estrés hídrico, como ahora se denomina. Las costumbres son muy malas. En el mundo se pierden 45 millones de metros cúbicos al día, lo que representa un 40% que se desaprovecha. Aquí en España se desperdician 650.000 millones de litros al año, lo que equivale a casi un 20% del agua que se suministra a las poblaciones.  Mire usted por donde, Cantabria encabeza la lista con mayores porcentajes de agua desaprovechada. Nos siguen La Rioja, Aragón y Navarra.

Sobre velar mejor por el agua se viene hablando desde el siglo XX, pero sin resultado. El problema se aborda, aunque sin soluciones y, lo importante, dar paso a una nueva cultura del agua. Que si redes de tuberías en mal estado y fugas. Que si malas técnicas de riego. Y tampoco faltan los problemas administrativos, que se fijan más en subir las tarifas cada poco tiempo, en vez de acometer de lleno estas deficiencias que enumero y otras que van surgiendo. No hay que olvidar que cada vez somos más habitantes e industrias en un planeta que tiene los recursos que tiene.

Lo que pasa ahora en buena parte de Europa (sequías en un 38% de su territorio), no es ajeno a lo que se viene viviendo en otros puntos del globo. Muchos estados en EE.UU. sufren megasequía. El calor que hace impulsa un nuevo lenguaje que explica lo que pasa. Por ejemplo, esto de la megasequía o periodo muy seco que dura ni se sabe. En este verano tan inmersos en altísimas temperaturas, ya conocemos lo que significan las olas de calor. Secan la tierra y producen una drástica evaporación del agua.  Atrás he citado precisamente el estrés hídrico. No hay tanta agua, pero la demanda va a más. Por ello se requiere esa nueva concienciación.

Ante el panorama, mejor tener proyectos. La Unión Europea quiere mejorar un 10% la eficiencia en el uso del agua y lo denomina “Estrategia de Resilencia del Agua”. Es loable buscar el suministro de agua a largo plazo, aunque la forma UE de explicar las cosas nunca dejara de sorprenderme. Así lo presentan: “Restaurar y proteger la calidad y la cantidad del agua reduciendo la contaminación y la sobreexplotación; impulsar una economía eficiente en el uso del agua mediante la digitalización para controlar y gestionar los consumos y reducir los desperdicios; y garantizar el acceso a agua limpia y asequible promoviendo hábitos de ahorro y productos eficientes en el uso del agua”. Todo muy bonito. Pero falla lo principal, la apuesta para que las nuevas generaciones sigan contando con aquello que las anteriores han disfrutado. En el caso concreto del agua tenemos una pésima educación, que viene de la creencia de que es infinita. El desconocimiento sobre cómo llega a nuestras casas y el funcionamiento de las redes de suministro es total. Y deberíamos saber más de ello para ser más solidarios. a

Nunca es tarde para llevar a las escuelas el mensaje de todo aquello que preserva a nuestra humanidad. Con el agua vamos muy tarde. Nos deberíamos exigir utilizarla siempre bien, que es lo que demandan estos tiempos meteorológicos. Por lo pronto, será difícil recordar en el norte de España un verano tan caluroso. El mejor alivio que hemos tenido es precisamente refrescarnos con el recurso natural más importante. Como dice el refrán, nadie sabe el valor del agua, hasta que falta.

 

 

Miguel del Río